YOSOYNOSOTRAS V

MUERTE AL AMOR ROMÁNTICO

¿Y AHORA QUÉ?

ENERO-MARZO 2021 NO.5

Démonos un abrazo

que despida ese amor romántico

¿Quiénes? Escritoras de Guerrero o escritoras que han visitado sus pueblos, playas, sierras, ruinas o que se han mudado acá o bien que han compartido con otras mujeres, inicialmente en la Bahía de Zihuatanejo, luego ya en otras regiones de la entidad. Nuestras secciones. Ancestras: sabias, amorosas, terribles, hijas, suegras, nietas, madres con oscuridad vetusta. Experiencias Zankas: de lugares, actividades, gastronomías. Episodios dolorosos, denuncias e indignaciones por las injusticias. De amores no románticos y románticos también: relaciones con la vida, las amigas, los hombres ¿violentas? con otras mujeres. Hallazgos de fuerza, identidad, equilibrio, autocuidado. Búsquedas: de salud, de bienestar, de cercanía tras la «era Covid». Desmesura de las voces y los viajes: trayectorias,diarios, ensayos y entrevistas a mujeres artistas y heroínas que hayan atravesado los sures.Y en este número cinco de la revista YOSOYNOSOTRAS estamos llenas de fandango, de energía, de celebración. Cumplimos un año y sentimos un inmenso placer por seguir organizando y tejiendo redes a través de relatos, poemas, vivencias y creaciones literarias. Agradecemos infinitamente a las mujeres que con amor, tiempo y trabajo,comparten sus palabras de memoria y de amor distinto al que alguna vez aprendimos que era incondicional, indolente, eterno y universal. En este mes elegimos MUERTE AL AMOR ROMÁNTICO ¿Y AHORA QUÉ? como motivo de creación y vinculación. Disfruten mucho, mucho.

Foto. ANAMURI (Asociación de Mujeres Rurales e Indígenas) 2018.

Acerca de Nosotras

¿Cómo trabajamos y quiénes somos?

¿Te gusta escribir? Estas invitadísima a compartir en nuestra plataforma todo un mundo en el que tu sentir, tu pensar, tu mirar se pueda leer, ilustrar o fotografiar. Nuestras convocatorias aparecen en el blog de la página principal, ahí también puedes ver las ediciones pasadas y conocer a algunas de nuestras colaboradoras. Para ello, generamos un trabajo de difusión y gestión en espacios artísticos locales (en Zihuatanejo) y digitales, en el que charlamos con las autoras sobre sus textos y nos acercamos a la interpretación que hacen de ellos otras mujeres, que son así, como Nosotras. Envía a yosoynosotras@gmail tus dudas, comentarios, creaciones, no importan que no estén relacionados con el tema general pues seguro que en algún número acomodaremos tu producción o registro.

Zulema Gelover Reyes (Ramona Pez) Editora y generadora de contenidos.

Jaqueline García Salamanca (Etérea Cura) Gestora social y generadora de contenidos.

Foto. Archivo, 2017.

EDITORIAL

Cada emoción tiene su tiempo

Postergamos un poco esta edición, entendemos la sensación de hastío y de miedo que aún hay por la enfermedad y la muerte, pero también las mujeres queremos mirar hacia otros lados, unos más vivos y sobre los que no se tiene tanta cobertura: nuestro autocuidado, nuestro amor propio, la recuperación de la memoria, de la esperanza, de la cotidianidad en contacto, de la resistencia al aislamiento y también agradecernos juntas por que Yosoynostras nos ha permitido conectarnos con más y más mujeres, de otros espacios, de otros tiempos, incluso entre sueños o pesadillas (ANDREA). Esas mujeres que nos dieron la vida y que se fueron por que no podían o no querían permanecer, las honramos (ROMINA). Nosotras defendemos las maternidades deseadas pero también los derechos de las mujeres que no romantizan esas experiencias (ZULEMA) o bien que no desean ser madres y que deciden por sí mismas no parir. También escribimos sobre las mujeres que ejercieron sobre Nosotras en sutiles violencias de madrastría incomprendida cierto desamor y por el bien propio y común nos despedimos de ellas (REGINA). Por que amarse a una misma es también saber buscar y reconocer nuestra calma, nuestra fortuna de ser quienes somos hoy tras muchos cambios.

Conviértete en La amor de tu vida

Puedes involucrarte hoy con esa niña que olvidaste, a la que le dijeron que era fea o tonta y amarla con toda tu corazona (RAMONA). Puedes despedirte con valentía de eso que se llamó amor alguna vez y que te dejó con una sensación de vacío (CRYSTAL) convirtiéndote en una versión muy distinta de lo que solías ser, hacer o disfrutar. Yosoynosotras te recuerda que la autoestima es fundamental para nosotras y para relacionarnos. Si yo estoy bien conmigo misma voy a tener una relación mucho más bonita con l@s demás (MOMIK). Si no me quiero bien voy a estar pensando que no me merezco el amor de otras personas (llámese pareja, hij@s o amig@s) y que mi valía personal depende de si me quieren o no me quieren (ANA). “Nuestra forma de construir el amor romántico tiene que ver con la forma en la que nos organizamos social, económica y políticamente. Lo romántico es político, y por ello, se construye a través de la ideología de ese momento. En la actualidad a través del capitalismo y del patriarcado. Así entendemos que se ame de forma diferente en distintos tiempos y en distintas culturas.” (Coral Herrera, 2018) Nosotras decidimos aniquilar el Amor romántico por que nos lastima, nos somete, nos coloca en desigualdad y encontramos en la amorcita a una misma y a otras hermanas un lugar seguro, de mucha escucha y compartición.

Las cosas que digo son ciertas

Cumplimos un primer año de contar historias y experiencias. Tu obsequio, la lectura, servirá para que otras mujeres zankas, guerrerenses, viajeras, no tengan que vivir solas sin ese amor que las hace libres. Por que en Yosoynosotras no es el amor que le das al otro lo que hace inmensamente feliz, sino el amor que te das a ti y que convidas (MONSEBAÑOS), que puedes ofrecer sin vaciarte, ese amor que cuida de tu cuerpa, de tu espíritu, de tu bienestar, ese amor que no te violenta y que puedes reconocer incluso cuando sin enfermarte sanas a los demás (ETÉREA). Ese amor que despierta en ti sospechas cuando ya es demasiado tiempo de distancia, de malas noticias, de uso del celular, de deterioro ambiental (ALSANCON). Bien venida seas tú y tus emociones, tus dudas, tus ideas, escríbenos convidanos más días como estos en los que las mujeres podamos celebrarnos a nosotras mismas, juntas.

¡Feliz primer aniversario Yosoynosotras!

FOTO. Shaza Wajjokh, 2020. Visual Sensibility.

Testimonios

Qué dicen de nosotras

Gracias a las palabras que encontré en uno de los cuentos me encontré a mi y lo que no pude decir en su momento, una también encuentra su propia fuerza en las otras.

Maritza Fuentes

Hacen un trabajo de recopilación muy bonito, las mujeres de distintos lugares de México o del mundo quién sabe ¿verdad? pueden leer lo que nos pasa aquí en la casa o en la pesca, en la vida pues.

Leticia Suárez

Foto. Rubí Quintana, 2020.

Números Anteriores

LAS NOSOTRAS AUTORAS,

CONVÍDANOS TUS SENTI-PENSARES

2a. CONVOCATORIA YO SOY NOSOTRAS

YO SOY NOSOTRAS, en su segunda edición busca recoger más voces inquietas, sutiles, feroces que compartan las distintas maneras de vivir Guerrero. Las secciones abiertas son: Ancestras, mujeres sabias y amorosas o terribles y duras, su linaje en hijas, nietos, estudiantes. Experiencias Zankas se describen los lugares, las jornadas, las actividades, gastronomías de Zihuatanejo y…

Foto. Adam Hillman, 2020. Visual Sensibility.

AUDRÉ LORDE (1934-1992)

«María, te pido que recuerdes esas fuerzas oscuras, antiguas y divinas que llevas dentro y que te ayudan a hablar. Todas estamos en los márgenes y nos necesitamos mutuamente para apoyarnos, unirnos y satisfacer las necesidades que entraña una existencia marginal. Pero antes de unirnos hay que aprender a reconocernos.» (LA HERMANA, LA EXTRANJERA, 1979: 61)

Foto. Samsara, Futurista Asher, Ixtla, 2019.

ANCESTRAS

Tómalo con calma

Romina Niño

Esa mañana me desperté y lo primero que miré en mi buró fue ese pequeño objeto color morado, y la combinación de otros caóticos colores. Un diminuto joyero que representaba lo único material que me unía con mamá pero… ¿en verdad me lo había dado ella o la imaginación de mi niñez lo había inventado? Qué más daba, me aferraba a él, como lo único que me podía volver a ella en un segundo. ¡Cómo la extrañaba! Me senté sobre la cama casi dormida, suspiré lento y puse los pies sobre el piso.

Caminé a la ventana con paso lento queriéndome acostumbrar a la realidad, seguía lloviendo, no lograba ver más de tres metros a través de ella. Es una tempestad pensé, el piso estaba helado, me caló los huesos, yo digo que así se siente cuando el alma duele.

Segundos después, salí del cuarto. Lo primero que sentí fue un charco de agua en mi pie izquierdo, maldije, terminé por completo de despertar. Regresé al cuarto a ponerme unas sandalias, fui por un balde, lo coloqué en el piso para que la gota cayera ahí. Mientras bajaba las escaleras escuché la gotera riéndose de mí, fui directo a prender el televisor, puse café. Desde la cocina podía oír el noticiero, una fuerte tormenta pegaba en las costas del Pacífico, estaba a unos kilómetros de Guerrero. Volví a maldecir.

Foto. Lluvia,2020 Fuente.https://www.piqsels.com/es/public-domain-photo-skdha/download

Terminé de preparar mi café, me senté en el sofá y apagué el televisor. Intenté recordar todo lo que tenía planeado hacer ese día, pero no logré concentrarme. A mi alrededor había ruidos, la lluvia, la gotera riéndose otra vez con cinismo y un golpe que provenía de afuera. Quise darle un trago al café, la curiosidad me lo impidió, me acerqué al ventanal del comedor, era una lámina floja que el viento movía del techo de mi vecino, imaginé que posiblemente el agua entraba a través de un chorrito o una pringa, entonces bendije por estar en un techo seguro. Entonces yo me reí de la gotera.

Pensé en mi vida que ha sido como una tormenta con vientos alocados, ha dejado daños, me ha sacudido muchas veces y se ha llevado a personas que amo, pero pasa y se va, volví a bendecir, dejé la tasa intacta sobre la mesa, regresé a la cama y dormí.

Romina Niño es profesora de preescolar, madre de tres hij@s, escritora amateur, malhablada y fuerte, compañera de vida, vecina festiva en Coacoyul, Guerrero.

Quererte

Regina Balderrama

Quererte fue temerte

Promesas vacías, presagio de luna, amparo de muerte

Respirarte cerca.

Quererte fue perderme

Hablarme de ti duele

Mentiras en tu boca y una perdida mente

Años de amargura por minutos de suerte

No vivía

Dentro de ti

No vivía

Me moría

Te creía

No crecía

No quererte fue quererme

El rencor que te guardé, mi fuerte

Para no caer de nuevo en tus redes

Tus palabras me dan lástima

Aunque me lastiman

Dime de frente

Que prometes amparo de luna y eres presagio de muerte.

Regina Balderrama Armenta. Nacida en Zihuatanejo, Guerrero. 21 años. Estudiante de la licenciatura en Psicología de la Universidad Anáhuac Querétaro. Ama la mar pero a veces le da miedo, por ejemplo cuando sueña que sus hermanas se le hunden.

EXPERIENCIAS ZANKAS

Diario de pesadillas

Andrea López Campos

Capítulo 1

2:00 am. Mecía la hamaca donde permanecía acostada impulsando con mi pie, el sueño causaba pesadez en mis párpados, no podía evitar colapsar por momentos debido al cansancio. Después de colectar las fuerzas para levantarme comencé a apagar todas las luces de la casa, era la última en irme a dormir. Iba a revisar afuera para asegurarme que todas las ventanas y puertas estuviesen cerradas intentando evitar que se metieran a robar lo poco que teníamos. El silencio predominaba a esa hora.

A cierta edad me dejó de dar miedo la oscuridad o quedarme sola. Lo disfrutaba, podía estar en paz y hacer lo que quisiera, nadie me veía, nadie me interrumpía, así «sin que me estén chingando.» Sin el ruido del pasar de los coches, o de escuchar toda la conmoción de las personas que salían a vender y comprar, por que aunque pequeño, era un pueblo muy vivo.

Pisé el frío suelo de la sala con pies descalzos para dirigirme al cuarto a descansar, o por lo menos intentarlo. Me detuve por unos segundos, una sensación de incomodidad comenzó a arroparme. Antes de apagar la luz observé a mi alrededor, en las esquinas superiores del cuarto. Esperando. Tuve la sensación de que algo estaba ahí. Sin resultado, me convencí de que no era más que mi mala visión e imaginación. En lugar de miedo, comencé a irritarme por el ambiente, uno que ya había sentido anteriormente.

¿Qué quieres ahora?” pregunté, con la ridícula idea de que me responderían. Recordé la melodía «Goëtia» de Peter Gundry, uno de mis compositores preferidos. Lo que llenó la escena de suspenso, como si de una película se tratase. En ese momento lo vi de reojo, una silueta negra en la esquina derecha de la sala: figura alta de aspecto andrógino. Portaba un traje de tres piezas estilo británico con bordados rojos y guantes negros. Su cabello azabache cubría sus ojos y orejas dejando al descubierto solo su nariz y una retorcida sonrisa. Me estuvo mirando, con manos cruzadas en su espalda, la cabeza ligeramente inclinada hacia la izquierda, sin quitar la sonrisa. Me sentí… extrañamente familiarizada con su presencia, como algo que ya había conocido pero no lograba recordar dónde ni cuando.

Esa parte de mí que separé. No. No la separé. La encerré, la evadí. Seguí inmóvil, esperando a que é hiciera algún movimiento. No lo hizo. «Ni pedo.» suspiré. Moví mi mano izquierda para alcanzar el interruptor y apagar la luz. Ignoré la manifestación de aquella figura convenciéndome de ser una alucinación.«Te recuerdo.» Fueron las últimas palabras que pronuncie antes de entrar a un nuevo infierno.

Persistes e insistes. Lograste dañar mi paz de nuevo. ¿Qué es lo que quieres? Cada vez me cuesta más dormir. No logro ignorar tus pisadas en mi cama, ni el calor que siento cuando estás cerca. Te gusta ver mi tormento, no me queda duda. Me encierras en mi propia mente, deahí no puedo escapar. Tengo que resistir esta tortura hasta el final, mientras mi cuerpo se queda inmóvil. Estoy encerrada, peleando mis batallas, completamente sola. Si muriera en uno de estos sueños ¿Podría dormir en paz al fin?

Foto. Sombra, 2020. Fuente. https://www.piqsels.com/es/public-domain-photo-stnwn/download

La luz del sol logra penetrar las ventanas pegando directamente en mi rostro. Mi visión borrosa comienza a aclararse mientras levanto mi cuerpo adolorido. Colapso de nuevo en el colchón al sentir un dolor agudo en mi cabeza, solo logro escuchar los latidos acelerados de mi corazón mientras el dolor recorre mi pecho de nuevo. «Sigo viva, es lo importante ¿No?» pensé, intentado convencerme de que estaría bien.

Estoy cansada, un caos que creí haber arreglado, volvió desde las profundidades de mi subconsciente.No sé cuánto más podré seguir así. Presiento que esto solo es el comienzo. Y solo puedo preguntarme «¿Qué sigue?»

Capítulo 2

Los vidrios iluminando ligeramente la habitación donde yacía, sobre el escritorio, el cuadro de un pulpo hecho con pintura fosforescente, que brillaba en la oscuridad. Mi mirada quedó clavada por unos minutos en el color neón hipnotizante en una obra creada por una gran amiga artista.

Moví mi atención al resto del cuarto, la oscuridad aún era predominante a esa hora, lo que daba un efecto de profundidad en las paredes. Volví a ver hacia la ventana: la luna llena escasamente vista por las ramas de los árboles en el jardín. Bella como siempre, encantada por su brillo intenso y gentil… mi paz fue irrumpida por el viento que comenzó a soplar fuerte, con la brusquedad del ciclón. Entre las ramas apareció un humo negro con forma de serpientes. Múltiples voces susurraban entre las paredes de la habitación, algunas incluso reían, burlándose sin piedad.

Mis labios temblaban con la idea de tortura que se aproximaba, sentí el cambio de temperatura abruptamente como si de inverno se tratara. Giré a la derecha al ver de reojo que algo se movía. Los tentáculos del pulpo de aquella pintura salían del fondo negro bajando hasta el suelo con agilidad. La oscuridad a mi alrededor comenzó a consumir el cuarto, las paredes, los objetos, todo. Pánico. Una vez más me he quedado atrapada en mis pesadillas.

En un instante, las serpientes de humo envolvieron mi cuerpo dejándome paralizada hasta los hombros mientras los tentáculos trepaban a la cama hasta sujetar mi cuello para asfixiarme. No hubo posibilidad de zafarme. Toda luz se desvaneció poco a poco, la luna llena como en un eclipse, mi respiración, mi visión. Lo único que podía escuchar eran los últimos latidos de mi corazón, ahí surgió una voz densa, rasposa: «Pudiste evitarlo.» Silencio fúnebre. Oscuridad total. Perdí el conocimiento.

Foto. Pulpo, 2020. Fuente: https://www.piqsels.com/es/public-domain-photo-jejmu

Después de un tiempo incalculable, comencé a sentir mi cuerpo de nuevo. Incapaz de abrir los ojos me dejé llevar por la sensación de flotar en un inmenso vacío. «¡Nina!» escuché gritar a lo lejos. Una y otra vez seguían gritando mi nombre, así reconocí a quien pertenecía esa voz. “¡Luis!” articulé con mis labios sin lograr emitir sonido alguno. Moví mi cuerpo frenéticamente intentando salir de la densa lobreguez. Mi cuerpo saltó en reacción. «¿Tuviste pesadillas de nuevo?» preguntó mi hermano, sentado en la orilla de mi cama. Con su mano hizo a un lado los mechones que tapaban mi rostro «¿Por qué lo dices?» respondí con una voz apenas audible. Intenté bloquear con mi mano la luz que lastimaba mi vista. “Solo ve cómo despiertas. ¿Te has visto en un espejo últimamente? Tus ojeras están más marcadas, tus ojos irritados. Te ves mal, cansada, vas a colapsar.» Suspiré intentando colectar fuerzas para levantarme. «Vamos, no es tan grave.» Mentí intentando calmar un poco su angustia «Todos tenemos pesadillas» continué. Estoy dañada, lo sé…«Estaré bien» dije con falsa seguridad. Volteé para ver una vez más aquella pintura que yacía en mi escritorio. Luis miró en la misma dirección.«¿Dónde conseguiste ese cuadro? No lo había visto.» preguntó «Se lo compré a Ángel, utilizaría el dinero para hacer un mural, quería aportar algo para ello» expliqué.»Vaya, ya se me hacía raro, no te gustan los pulpos, les tienes miedo.» Alzó una ceja mientras seguía mirándome sospechando que ocultaba algo. «Te espero en la cocina para desayunar.» Me arreglé para ir a la universidad. Era día de una importante exposición, no podía permitir que el cansancio la arruinara, mi calificación final dependía de ello.

«No muestres debilidad. No ahora.» me advertí. Escuché la puerta que se abría lentamente detrás de mi, asustada ví que lo causó: cuatro patitas negras se dirigían hacia mi de manera silenciosa. «Kira, no me sorprendas así» suspiré aliviada. Tallándose contra mis pies me saludó su ronroneo y sus ojos color miel. Ella supo cómo alegrarme el día cuando todo parecía estar mal. La tomé en mis brazos, me miré en el espejo una última vez, intenté colectar esperanza. Salí de mi cuarto, mi lugar de tortura y a la vez mi santuario para enfrentar de nuevo mi realidad.

Capítulo 3

La temporada de lluvias había comenzado, me sorprendió al salir del trabajo. No me molesté en cubrirme para evitar mojarme de camino a casa. Es mi clima favorito después de todo, sentir las gotas frías en mi cuerpo me relajaba, el viento soplaba sobre los cabellos que se pegaban a mi piel. Me recargué en un poste y comencé a escuchar música mientras esperaba que pasara el transporte, busque en mi playlist una canción que quedara con el mood del día. «My curse» de Killswitch Engage fue la elegida. Segundos después de la intro llegó la combi que me llevaría a casa, me senté cerca de la ventana para ver la trayectoria a casa, es decir, mirar hacia a fuera y no a la gente. Me incomoda sentir a las personas hundidas en sus pensamientos o en su dispositivo. Prefería estar conmigo mientras escuchaba música y veía el paisaje. Me imaginaba escenarios fantásticos acortando así el trayecto.

La combi me dejó muy cerca de casa, no necesitaba caminar mucho, antes de cruzar la calle me percaté de una silueta que alcancé a ver de reojo. Mi corazón comenzó a palpitar más rápido al reconocer a aquel sujeto. Giré mi cabeza ligeramente para confirmar mis sospechas. Era él. Crucé la calle con prisa, entré a mi casa y me encerré en el cuarto por el resto de la tarde. Lo menos que necesitaba era tener esos recuerdos. Permanecí ahí hasta que cayó la noche, el sueño llegó sutilmente. Sin darme cuenta me quedé dormida: «¡Ya basta!» Le repito una y otra vez «Déjame en paz.» Pero él sigue; mi vista apenas distingue la puerta para escapar de esto. Llena de pánico intenté correr sin éxito. Con sus brazos me detuvo, no le importan mis quejidos y prosigue a satisfacer sus objetivos.

Foto. Transeúntes, 2020. Fuente. https://www.piqsels.com/es/public-domain-photo-skbcw/download

Me retuerzo intentando evitar que logre tomar el control de mi. Intento controlar las sensaciones de mi cuerpo, intento escapar otra vez pero me vuelve a envolver en sus brazos. Disfrazó sus intenciones como «un simple juego» colocó sus manos sobre mi cintura, la recorrió hacia mis pechos para darme cosquillas… «No quiero… ¡No quiero!» Grito en mi mente. Pero ¿Por qué siento placer si no quiero? ¿Por qué mi cuerpo está pidiendo más? Siento asco y repulsión hacia esta reacción física que no comprendo y él solo ríe mirándome con deseo desenfrenado.

Abrí los ojos, respiraba con fuerza por el pánico. Temblaba. Fue solo un sueño. La manifestación de uno de mis peores recuerdos se convirtió en uno de mis mayores miedos.

4:00 am la tormenta que comenzó la tarde anterior seguía cayendo fervientemente. El cielo se iluminó tras los relámpagos y luego, el fuerte sonido de los truenos que sentí que caían muy cerca, por primera vez me asustaron. Me abrace acurrucando mi cuerpo como un feto. A punto de soltar en llanto, sólo podía pensar y preguntarme:

¿Cuántas veces?

¿Cuántas veces me hizo esto?

¿Cuántas veces me ignoró por completo cuando le dije «no.»?

¿Cuántas veces terminé sintiéndome nauseabunda por permitirlo?

¿Cuánto tiempo tuvo que pasar para darme cuenta que eso no era un juego?

¿Cuántas noches más me atormentara esta culpa y este miedo?

¿Cuánto falta para arrojarlo todo al olvido? ¿Cuándo podré seguir adelante y volveré a sentirme viva?

Lágrimas y lágrimas comenzaron a humedecer las sabanas, llenas de impotencia ante la realidad que me atormenta sin descanso. No puedo escapar. Ni despierta. Ni dormida. Los recuerdos, el miedo, me siguen por doquier, el pánico me invade sin horario. ¿Consecuencias de decisiones de mi pasado? El error que se convirtió en horror…

Epílogo

Pero no soy yo, no es mi culpa. No soy yo, por que era una niña. No soy yo por que no conocía mi cuerpo pero sí mi intuición. No soy yo por que en él confiaba, era familia. No soy yo por que mi miedo pronto empezará a convertirse en cuestionamiento y rabia, por que buscaré justicia. Por que pronto sabré quién soy yo y que no estoy sola.

Andrea es prolija en su pluma y sus guisos, migrante de la ciudad de México; ha hecho de Zihuatanejo su hogar, es normalista y le encanta mirar la profundidad del océano.

¿Zombie yo?

AlSanCon

Todo empezó como cualquier película de zombies, noticias en la tele, virus, pandemia, falsas noticias, para mi fue incierto lo que se decía. No veo noticias, menos de tele abierta (especulan y es mucho drama) pero todos coincidían: algo nuevo estaba ocurriendo. Yo como siempre me alarmo un poco y ante lo desconocido siempre hay miedos, el mío.

Para empezar, mi vida cotidiana en La Puerta no cambió mucho en un inicio, seguimos saliendo a correr, en bici y en mi trabajo no hay mucha gente en un mismo cuarto. Con el paso del tiempo todo comenzó a cerrarse, restaurantes, fondas, playas, deportivos, albercas, lugares públicos y en el trabajo la Unidad de la UNAM en Zihuatanejo, mandó comunicados y medidas específicas sobre la contingencia, es decir, empecé a trabajar en casa.

Hasta aquí, mi vida cambio poco, pero para mi cerebro parece que le dijeron: vacaciones. Empecé a levantarme mas tarde, desayunaba sin prisa, hasta me ponía a ver una película, luego a trabajar… hasta la hora de la comida. Hacíamos de comer con mi pareja, veíamos otra película, reposábamos, jugábamos videojuegos hasta la cena, eso si, empecé a desvelarme cada vez más.

Los días se comenzaron a parecerse mucho, se escuchaban más miedos por causa de los decesos, y el número de contagios. Seguimos yendo a correr y andar en bici, aunque con menos regularidad. Cuando llegó mi papá de la CDMX traía ideas muy desesperadas (¿o desesperanzadas?) cosa que no se vive aquí en Zihua. Él quería comprar de todo por un posible desabasto de alimentos e insumos cotidianos. Se fue desestresando al ver que aquí todo se mueve diferente, a otro ritmo, aún ante tal situación.

Foto. Pandemia, Montserrat Baños, 2020.

Así pasaron meses, como zombies pero no por estar contagiados si no por la manera de vivir, desvelados y sin exponernos al sol. Todo cambió al saber que una de mis tías mas queridas se encontraba mal y con síntomas de Covid, me sentí desprotegida, realmente con miedo, empecé a llorar, no quería salir. Por fortuna ni ella ni yo teníamos el virus, ella es enfermera general en Tlatelolco, CDMX. Al que sí le dio fue a mi primo, que también es enfermero y trabaja en el Hospital de la Raza, pero no tuvo síntomas de cuidado, solo presentó perdida de olfato y gusto. Volví a mi rutina. Así pasaron 10 meses más y contando. Y.. ¿qué es un zombie? A mi parecer, un zombie es toda aquella persona que:
-Cree completa y plenamente en las “noticias”.
-Pasa mucho tiempo viendo su celular sin aportar nada a su vida.
-Se alimenta de los miedos de otras personas.
-Ante tanta violencia y contaminación en el ambiente, sigue reproduciéndola y generándola.
-Es carente de consciencia e inteligencia.
-No sale ni a tomar el sol, ni para producir vitamina D.
-No se fija al cruzar la calle por estar viendo su celular.
Por eso, si usted presenta tres o mas síntomas de estos que aparecen en la lista, es usted un Zombie.

AlSanCon es bióloga por la UNAM, bucea, escribe y a ultimas fechas también hace danza. Lucha por la conservación del ambiente y la biodiversidad a través de su voluntariado en ong’s y colectivas. Es muy creativa y le gusta el pan de pueblo.

DE AMORES NO ROMÁNTICOS Y ROMÁNTICOS TAMBIÉN

Lo propio de una Dama

Ana Méndez M.

Desde chica me enseñaron las labores concernientes de una dama. Bordar, tejer, coser, cocinar, lavar, planchar, barrer, remendar, trapear. Sentarse derecha, no reír a carcajadas, no apretar fuerte al saludar, tampoco demasiado suelto. No beber más de dos copas, no fumar en público. Los temas impúdicos jamás mencionarlos. No cuestionar a mi pareja, tampoco a mis padres. Servir. Sonreír. Nunca bostezar. La falda una cuarta debajo de la rodilla, jamás tener las medias rotas. Los botones en su lugar. El escote, ¡ni pensarlo! Los hombros siempre cubiertos con un chal. Cabello recogido, las cejas bien delineadas. Sin vello corporal, perfumada y limpia, aún en casa. Los tacones ni tan bajos ni tan altos. Todo impecable, como lo dictaba aquel libro junto a la biblia de mi madre: “El manual de Carreño”, urbanidad y buenas maneras para una vida plena. Jamás subir la voz, no era propio de una señorita.

Y así pasaron los años. Un día me presentaron a un hombre, diez años mayor, con un trabajo estable, perfumado, limpio y muy responsable. De familia adinerada. Carismático, talentoso, socialmente encantador. Me abría la puerta del auto, pagaba las cuentas sin chistar, me llevaba los ramos más grandes y bellos que haya visto, además de ropa cara y perfumes importados. Sabía tres idiomas, tocaba la guitarra, de buen cuerpo y buena cara. Salimos un par de meses, me propuso matrimonio, así como Dios manda. Nos casamos por la iglesia, ¡una boda extraordinaria! La pareja del año, así nos llamaban.

Él temprano salía a trabajar. Yo me quedaba a bordar, tejer, coser, cocinar, lavar, planchar, barrer, remendar, trapear. La mesa bien puesta, los vasos sin manchas. Maquillada y perfumada para recibirle en casa. A veces volvía temprano, se servía su “whisky en las rocas” y prendía su habano. Las pantuflas listas y la cena también. A veces no llegaba, cosas del trabajo y reuniones con los socios, un par de tragos hasta las cinco o seis de la mañana. Era necesario, el pan no se servía solo en los platos. ¡Qué suerte la mía!, decían mis amigas, había ganado la lotería.

En una de las noches establecidas para la intimidad, ni a principio, ni a finales de mes, tampoco entre semana; tuve la dicha de quedar embarazada. ¡Cuánta alegría! Nuestra familia por fin estaba completa. Y así con el tiempo, llegaron nuestros cuatro hijos, bendiciones enviadas del cielo. Y aún con las labores domésticas y la crianza, yo seguía sin vello corporal, perfumada y limpia, aún en casa. Así como las buenas costumbres lo dictaban.

Remendaba sueños, arreglaba dilemas, bordaba sonrisas en mi familia. Yo era la vela que de cada uno mantenía prendida su flama.

Foto. Child thinking of strategy and playing chess, 2020. Fuente. https://www.piqsels.com/es/public-domain-photo-ijcsi/download

El tiempo en compañía de Rubén disminuyó notablemente. Alguien tenía que pagar las cuentas. Las amigas corrieron con suerte similar a la mía, poco a poco fueron anidando. Y yo, sonriendo, jamás subir la voz, no era propio de una dama.

No subir la voz. Ni aún cuando él llegaba tomado a casa y blasfemaba. Sonríe. Paciencia. Tuvo un día estresante. Tú no podrás comprender puesto que no trabajas.

No subir la voz, ni cuando en su desesperación un golpe o algún empujón me daba. Tranquila. Sonríe. Paciencia. Mañana estará de mejor ánimo y quizá hasta te invite a comer o te compre aquella falda.

No discutir, ni aún cuando las camisas de labial tenían manchas. Pero los vasos, no. Esos, limpios y perfectos, así como nuestra cama.

Jamás subir la voz. Silencio, eso fue lo que los vecinos escucharon el día que se le pasaron las copas y los habanos. El día que el calor de su molestia compensaba el plato frío que serví aquella noche.

Silencio.

Silencio.

Y de mí, nunca más nada.

Ana Méndez M. Psicóloga egresada de la Universidad de Guadalajara. Trabajó en el área clínica, educativa y social. Docente. Colaboró en la Unidad de Menores Víctimas de Maltrato, CIJ y DIF. Participó en revistas como Destakados, grupos locales de arte y ecología (Utrópica y Ballenas de Guerrero). Promotora de arte y artista plástica.

Solo te faltó el gato

Crystal Amaranta Hernández Serrano

Los zapatos de vestir que siempre odiaste, se quedaron en la entrada.

El estante de la sala estaba casi vacío,

y sólo un disco en el reproductor quedó sonando.

El olor de tu último cigarrillo le quitó el aroma al café.

Pusiste tus penas sobre porcelana.

No había ninguna de tus playeras,

a excepción de la gris que te desagradaba.

Olvidaste tu perfume favorito sobre la cama,

a la que por cierto, le faltaban las sábanas.

En el almacén quedó la botella amarga,

que solo bebías cuando el cielo nublaba.

Encontré una nota en el balcón,

ahí junto a tu gato bufón.

De algún modo sabías que pasaría por ahí,

el papel tenía escrito en gris cuatro palabras

“Por cierto, te amo.”

Poco te faltó

Tú aroma a cigarrillo.

El disco sonando.

Te encontré en cada esquina gritando.

Vaya manera tuya de decir “te amo.”

Foto. Botella, 2020. Fuente. https://www.piqsels.com/es/public-domain-photo-szatc/download.

Crystal Hernández. 17 años, estudia la preparatoria en Zihuatanejo. Su profesora de Literatura la invitó a escribir y ella descubrió el placer por las letras y la posibilidad de compartir con mujeres diversas.

Relato de una sobreviviente de un amor tormentoso

Momik

Desde el principio sabía que no iba a funcionar, pero decidí lanzarme por puro proyecto personal, intentando que, en la vida real, H sí cambiara por el amor de Babi. Y los dos estuvimos tan mal que elegimos ignorar los focos rojos que nos gritaban que no iba a salir nada bien: tú, tan libre y despiadado, sumándole puntos a tu hombría por cada vulva que besabas, mostrándole al mundo que podrías comértelo de un mordisco, si quisieras. Viniéndote de piedra, por nada lloras y por todo ríes, ante todos un ser supremo, ídolo, inalcanzable… Pero en tus adentros, eras alguien frágil y triste que ocultaba un rostro sincero por miedo a recibir una bofetada más. Llorabas por las noches por sentirte insuficiente, inútil, inservible; con unas cargas del pasado tan pesadas y estorbosas que te negabas a soltar. ¿Y yo? Una tonta más, alguien con complejo de niñera que quería verte ser feliz, poniendo en riesgo su propia identidad y felicidad, en una competencia con otras mujeres que ni si quiera sabían de mi existencia, pues encerrabas nuestro amor en el anonimato, en lo “personal”.

Caímos, y caímos fuerte, en picada entre estos mitos de las medias naranjas y de la conectividad de las diferencias, dos seres incompletos queriendo que el otro llenase sus vacíos, sus expectativas, que quite sus miedos y mate a los monstruos que les atormentan por la noche. Intentábamos con todas nuestras fuerzas que todos los males se fueran, que se esparcieran por la estancia del otro… pero nunca fue así.

Nunca hicimos nada por nosotros, éramos dos rotos queriendo coser al otro, deshilachándose cada vez más; tan ilusos, tan estúpidos, un amor tan inestable, pero pasional, tan mal que sabía bien, que anhelaba acabar en un final feliz, aunque sabíamos que no sería así.

Cuando todo terminó, me dolió, pero no por ti ni por tu huida, no dolió por la falta de tus besos ni por el frío que me dio perder tu tacto, dolió por mí, por mi alma, por mi ser, porque por ti dejé de amar al único ser que más me amará: yo. Lloré mucho por mí y por mis nuevos miedos que vinieron a atormentarme un ratito y a reírse de mí, lloré porque te creí, porque dejé de creer en mí.

Lloré mucho por mi brillo que estaba apagado por querer sacar el tuyo, lloré tanto que el agua salada de mi llanto curó mis heridas… Hoy vivo retando a mis miedos todos los días, sentirme insuficiente ya no es parte de mi rutina. Y así acabó el daño tan severo que con audacia decidimos etiquetar como amor, algo tan tormentoso y peligroso como el mar abierto con oleaje alto, algo que, a estas alturas, nunca más me permitiré volver a vivir, es por que lo decidí.

Ahora, después de tanto tiempo, puedo responder a tu pregunta tonta de “¿quién te va a querer más que yo?” Nadie, nadie más que yo misma.

Momik.: Joven universitaria, originaria de Zihuatanejo, Guerrero, estudiante de la Licenciatura en Comunicación en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, amante de la poesía y participante de Mujeres en la Literatura en Morelia, Michoacán.

Carta de amor a la niña que soy

Ramona Pez

Querida Gordita de la Villa:

Tus cachetes rojos y redondos son hermosos, tus ojos de sorpresa y luz también; sobre todo cuando veías el pueblo entero en la rueda de la fortuna que cada fiesta de San Miguel venía a regalarte además de vueltas y vueltas, algodones de azúcar color azul (está bien odiar el rosa).

Te escribo por que quiero aplaudir tu energía para faldear en los bailes regionales y tirarte de las resbaladillas más altas. Gracias por ser valiente y no temer rasparte las rodillas y que se e vieran los calzones. Gracias por subir a los árboles y al tractor de tu abuelo, gracias por jugar bote pateado en la calle con tus primos-amigos, vecinos y decirle a los niños a qué jugar cuando no se les ocurría nada o no había pelota. Gracias por ser valiente.

Lamento no haber descubierto esa fuerza interna y morena tuya antes. Lamento que hayas tenido que sentirte triste por que eras de pueblo con olor a vacas y a alfalfa recién cortada. Lamento que no te hayas sentido bonita por ser maciza, gorda y morena, por parecer niño, decía tu mamá. Lamento no haber encontrado tan rápido el orgullo y la belleza en tus entrañas de juego y lectura, en tu imaginación de catarinas, perros, bordados y milpas.

Foto. Niñas jugando, Juan Soriano, 1944.

Está bien llorar Zulema, no tienes que ser siempre fuerte, no tienes que saberlo todo, no tienes que sacar siempre 10 y hablar correctamente. También puedes decir groserías cuando te enojas y decir no cuando algo no te gusta. Se vale querer mucho a tu hermano pero no cuidarlo mucho por que no es tu responsabilidad, eso es para los grandes. Sé vale hacer lo que quieras sin sentir culpa, por que ¿qué crees? Dios no existe, ni el infierno ni el diablo, ni la virgen ni la virginidad. No temas a tu cuerpa y a tu goce, a tirarte en bicicleta sin mirar si vienen carros o no, a entregar todo tu amor a tu perro y a tus plantas. Se vale querer más a tu bisabuela que a cualquier mujer de la casa. Se vale no tener amigas más que Alicia, que no se ve ni se toca, ni se huele pero que te escucha y te abraza.

Te quiero mucho Zulema, así gordita, sonriente y cachetona.

Ramona Pez es bailarina, feminista, lectora de mujeres, escritora. Disfruta nadar en la mar, andar en bici, abrazar a quienes ama. Convoca a hacer el amor y no la guerra, pero no le teme al conflicto ¿así empezaron las revoluciones qué no? tiene un gato, odia lavar trastes. Habla cuando duerme, hace tae kwon do, su grupo favorito es Radiohead y su artista: Remedios Varo, su platillo: Las tiritas, su color: el verde, su olor: el café, su sabor: los labios de…

Niña

Andrea López Campos

Algo se rompió, hace años. Aun no logro descifrar su génesis. Una infección sutil. Apenas me percaté: me consumió casi por completo, distorsionó lo que alguna vez fui o lo que aún no logro recordar qué era. No busco redención, no me arrepiento. Nunca me sirvió de nada. Sólo fueron hechos que (por desgracia o por fortuna) no repararán aquello que creí perdurable y sincero. Logró envenenarme, yo sólo estuve quieta observando el caos a mi alrededor. Me doy cuenta de que nunca sales intacto de nada. Cómo si de un títere se tratara, jalaron mis hilos con satisfacción en este teatro que montaron por mero capricho. Formé parte de su club de drama. Sigo aquí, en este maldito pueblo. Todos huyeron. Y la niña ruega por regresar a esos días.

Foto. Acapulco Cultura, Instagram, 2021.

DESMESURA DE LAS VOCES Y LOS VIAJES

Un cuento más

Etérea Cura

Se puede soportar todo el dolor si se lo pone en una historia

o se cuenta una historia sobre él.

Isak Dinesen

“Una subjetividad que se transforma”. Esa es la primera línea que leo al revisar la clase de Claudia Guillén, la frase me evoca a la mujer tejedora que, minuto a minuto, con sabias manos teje y entreteje el misterio, la luminosidad de esta llamada vida.

Una vida sin cuento no es más que un estancamiento estoico sin sentido. El cuento como la poesía, son una forma de transformar la existencia, mantener el infinito baile del movimiento cóncavo y convexo. Y ¿qué se necesita para “cuentear” la existencia interna? esa forma de significar lo que pasa en el hígado, riñón, intestinos y ese otro órgano manoseado llamado corazón… ¡Aaaah! y en aquel olvidado motor objetivo: el cerebro, con todos sus cables, redes inalámbricas ¿qué se necesita para capturar el movimiento como el ojo de Buñuel?

Aún no se tiene la receta (y que bueno). Lo único que tenemos son millones de letras, revueltas, vomitadas, aseadas y unas más sistematizadas: antologías, cartas, ensayos, etc. de diversos personajes que pasaron por noches en vela persiguiendo quimeras; humo de cigarrillos que nos dicen que la técnica es importante, que para escribir hay que leer, tomar en cuenta la atmósfera, los tiempos, contextos, escenarios, que la primera frase es importante para mantener el cuerpo pegado a la silla o bien al borde del precipicio, que las letras y los números son intrínsecos a la belleza y por ello hay que clarificarnos para saber: qué quiero contar, dónde y cuándo pasan los hechos, por qué y para qué, quiénes participan, todo esto para tener un pensamiento ordenado, organizado.

Contrario a lo que muchas personas piensan, quien se dedica a la letras tiene a una loca en la cabeza y una mano neurótica que permite organizar los movimientos internos de toda escritora.

Pero ¿qué es la subjetividad? ¿dónde se ubica? ¿quién se da cuenta de ella? ¿cómo se construye? ¿por qué la cuentista vive dándose cuenta, la mantiene despierta, qué es esto de la sub-jeti-vidad? Veamos, lo primero que pienso es que las últimas letras me hacen pensar en la vida, y ahí me surge otra pregunta ¿vida de quién? Segundo, la subjetividad es contraria a la objetividad, es decir a la realidad consensuada, codificada, donde todo se objetiviza y por ende, se materializa, de ahí la imaginación. La subjetividad es este movimiento interno personal, algo íntimo, que le pertenece sólo a esa persona que piensa, siente, mira e interpreta la vida, la cultura, la existencia, es pues el mundo interno. Por ejemplo el miedo, una desbordante e insoportable sensación de estar solas en el mundo, que legitima la idea del derecho a la subjetividad, a la soledad que se mantiene a sí misma, como es el caso del cuento de la Horla de Maupassant.

El cuento tiene esta fuerza de agarrar, sustraer de los sujetos el horror, la sensibilidad, los absurdos, lealtades perversas y maquiavélicas, irracionalidad, rabia, amor, ternura y otras sensaciones, emociones y movimientos que están ahí abajo, ahí… en la subjetividad de cada una de nosotras.

Foto. La niña-lechuza, Montserratmlart, Instagram 2021.

Por eso una escritora plasma lo que vive, su manera especial de interpretar la vida con es el caso de Almudena Grandes, para quien no es una “aventura” retomar imágenes del Dios del antiguo testamento sino que se atreve a robar a este Dios castigador, sanguinario, carismático, por que como la escritora lo reconoce, lo vive, lo mira en las cúpulas del poder hasta en los alteres de las grandes y pequeñas catedrales, así lo escribe. No se escribe de lo que no se sabe, de lo que no se siente.

Así pues, el cuento provoca y evoca recrear la existencia etérea, esa que se escapa justo en el momento en el que la nombramos. Inherente a la ser humana: la subjetividad…luego entonces, todas podemos contar historia. Pensar a la sujeta como un sistema abierto a lo intersubjetivo, no sólo en el pasado sino en la actualidad, ya es un logro. La subjetividad contiene esta multiplicidad, en un proceso que parte de la indiferenciación narcisista hacia la aceptación de la alteridad, como lo hace Carver en el cuento “Vecinos”.

El cuento es una narración vivida por un autora, que se puede leer en menos de una hora y cuyos elementos contribuyen a producir un solo efecto: la sublimación de la vida desde la particular subjetividad. Por ejemplo, en estos cuentos:

A las tres de la mañana

Tú huella digital en mi pezón, setenta y siete líneas redondas de tu dedo índice suavemente hablando a mi piel rosada y viva, tu aliento cubriendo mi desnudez, tus fauces comiéndome y yo desvaneciéndome como etérea luz.

No era rutina, pero no había mañana en que no desapareciéramos, mis dientes penetrando tu carne negra, sudores que se convertían en estalactitas que rompían nuestras melancolías rancias y grises. Cómo no recordar cuando me bañabas, cuando te alimentaba con estos ojos largos, largos como la historia. Cómo no recordar las tardes en la hamaca leyendo a Bukowski “una mujer nueva, otras cortinas, otro baño, otra cocina, otros ojos, otros cabellos, otros pies”.

Aquella madrugada respondí amorosamente -Hola ¿qué pasa, estás bien? la pantalla del celular confirmaba que eras tú, pero una voz chillona y de respiración agitada gritó. Infinitamente finito. Salí de la cama como zombi a buscar los cigarrillos, afortunadamente estaban ahí, listos para calentar la voz. Mi corazón latía cada vez más despacio, como apagándose, lentamente caminé al baño, sentí una imperiosa necesidad de mirar mi cara en el espejo, no, no era un sueño, mi rostro se reflejó en mil pedazos y la madrugada madrugándome.

En ese momento desapareció la historia, tu huella redonda, tus poemas, tu piel cálida, las pericias para aliviar mi cansancio eterno, se esfumó la vida; solo quedamos dos mujeres distantes, lejanas y cercanas.

A veces mis ojos se abren a las tres de la mañana. Millones de imágenes martillan mi mente y soy bañada por letras que vienen y van en este cuerpo, suspendido y mudo.

Chicago

Con el frío en los huesos, entre los suspiros de los árboles del otoño, exprimí el mar que llevo adentro. Fluí como agua en la tormenta de mis ideas. Yo. Siempre en la línea de la locura, en la búsqueda que encuentra la confirmación del vacío inminente. Sueño con suicidios desplazados. Alma vagabunda, kilómetros atrás sin saber a dónde ir o que encontrar, kilómetros suspendidos… ya en el invierno.

Foto. Pies tatuados, Ciruela77, Instragram 2021

Copal, agua y Don Macario

Vivió en un pequeño pueblo del sureste mexicano, su casa tuvo un piso de tierra bien compactada, cuatro paredes de hule y jarillas, un foco que alumbró cuando se “fue de viaje”, un disco también compacto colgado del techo de cartón.

Cuando lo visitabas, te recibían tres perros sarnosos y flacos que ladraban sin parar. Te olían, te rodeaban, sus fauces se abrían incesantemente, sólo cuando escuchaban “déjenlas pasar son mis muchachitas” ellos de manera gentil bajaban la guardia y nos escoltaban hacia la mesa renga y a la silla con excremento de gallina. En automático te diste cuenta del ramito de hierbabuena, huevos, copal, una taza verde y una jícara con agua, eso siempre tenía en su mesa de trabajo y entre el canto del gallo pelón y las gallinas también flacas y ralas se iniciaba la lectura del copal.

Poco a poco fue desmoronando el copal en el agua, para empezar, siete, doce, diez y seis trozos hasta llegar a los 21 pequeños retazos de la chiclosa resina que bajaba y subía en aquella taza. Don Macario fue de la costumbre de compartir su vida, sus arrugas, sus llagas, como la que tenía en el pie izquierdo: el rosado de la carne viva y el agua brotando. Te hicieron recordar todas las pláticas de higiene corporal, en tus adentros te preguntaste cómo era que no se infectaban con el polvo, con todas las obedientes mascotas. Nunca entendí con él el binomio de salud e higiene. Don Macario empezaba a dar servicio desde las 5 de la mañana y hasta las 10 de la noche, los siete días de la semana.

Foto. México Desconocido 2010. https://www.mexicodesconocido.com.mx/rezanderos.html

Él miraba tus tiempos, los tocaba con sus dedos huesudos y de su boca abismal te empezaba a contar cómo fue que llegó a ser el anciano con 115 años y cómo el caballero de negro lo invitó a trabajar por dinero y fama. La forma en que luchó contra el cachudo, habló de su gran amor, de su vida en la Capital. Cuando terminaba su relato empezaba a decirte con los ojos y con una voz suave, transparente, dulzona y sarcástica: “piensas mucho, no descansas, sólo trabajas, vas a tener muchas reuniones y viajes, te van abrir la panza, por qué no hablas…” Después de dar la lectura de los copales se ponía a cantar “Amorcito corazón, yo tengo tentación, de un beso…” y te volvía hablar de la capital.

Cuando Don Macario hablaba del dinero era contundente “Dame lo que sea tu voluntad.” Por cinco pesos te quitaba un mal aire, te daba una sobada, a veces por nada te leía tus tiempos.

A Don Macario nunca nadie lo vió salir de su casa, su vida trascurrió en aquel terreno lleno de olores, voces, ratas, gallos, gallinas, perros y árboles de verde brillante, como su taza copalera. Yo lo vi durante un año y medio y, como él me lo dijo, me rajaron la panza por unas piedras en el vesícula, de él aprendí a hablar con los animales con esa familiaridad ancestral, él me enseñó la unidad con el Todo, a cantar con la vida.

Algunas noches salgo de viaje con él.

Etérea Cura es sanadora y alguna vez migrante en misión, le cambiaron el nombre cuando niña, le dijeron que no se fuera de su raíz Pantla, Guerrero, pero inteligente y voluntariosa viajó por el mundo hasta volver a ella. Hoy acompaña a otras mujeres con su sabiduría ancestral y su profesión amorosa, paciente y libre.

Nómada

Zulema Gelover Reyes

Nolugares: Chiapas, Buenavista y México

Acababa de parir (o casi). En realidad habían pasado cuatro meses desde la última vez que la respiración se me cortó al hablar. La barriga era pequeña pero la pelvis lo era más, así que el feto se acomodó arriba y apretaba mis pulmones. Hipoxia. La doctora me dijo: “vete haciendo a la idea, será cesárea” ¿Cuándo la medicina se volvió tan inútil, violenta y totalitaria? Yo puedo sola, nadie me va a decir si puedo parir o no, la vida se ha abierto camino sin epidural.

Otra incapacidad era la verdaderamente importante: observar mis pies. Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido… Tenía una fijación. Extrañaba verlos cuando me bañaba, caminaba, acostada. En las últimas 8 semanas empecé a tener alucinaciones: ¿cómo serán cuando este crío nazca? patas de dragón verdes, escamosas, uñas largas y feroces, peludas, gigantes y cafés, como las de Alex, el monstruo de Where the wild things are.

El aburrimiento fue más grande que la panza. El post-embarazo es cansado, irritante, profano, arroja a una rutina supeditada a las necesidades de un crío que ni conoces y con quien no tienes ninguna charla en común, sobre todo, en las noches de insomnio… suyo. No sabía canciones de cuna, las clásicas eran espeluznantes, hablaban de un coco caníbal; así que mi repertorio incluyó desde el himno nacional hasta estribillos de Ultrasónicas, Breeders y Yeah yeah yeahs.

Estuve enojada y triste por mucho tiempo. No quise asumir ese trabajo nuevo: cambiar pañales, lavar pañales, poner vaselina y hierba mora en los pezones por las grietas primerizas, ser cautiva de un tirano que no me dejaba dormir y a quien no le entendía el llanto ¿por qué se retuerce cada vez que le doy de comer? ¿por qué tiene diarrea? ¿por qué está debajo de su peso? Pero si yo no quería tener hijos. Pinche Ricardo, para que al final se le hicieran chiquitos y se terminara yendo.

Una noche como otras en la que había dormido poco, planeé irme de pinta. Mis estudiantes hicieron una práctica de campo de otra materia. Dejé todo listo para que mi madre cuidara de Tiago. Por más de tres horas fui libre.

Caminé hacia la estación de tren y compré un boleto para la última parada. Eran las 8:43. Miré los ríos secos y la fábricas del Estado de México cansadas de esperar. Inertes vieron pasar a miles de “Godinez” con el deseo de trabajo o de cambio de vida, esperaron que el desarrollo les alcanzara. Hace como 30 años, dijo un gobernador, el auge industrial metropolitano habitó los municipios del norte, creó sueños sobre estabilidad económica y seguridad social, pero pocos se cumplieron. Ahora que lo pienso, ser sólo una fábrica (¿de hijos?) ha de ser muy aburrido.

Me puse los audífonos. Llegamos a Buenavista y me fui caminado hacia La Vasconcelos: un lego con forma de trapecio invertido rodeado de jardines y muros de concreto hidráulico. Por dentro es increíble, el mobiliario y los cubículos combinaban aluminio y madera, las paredes eran de cristal y los libros, el contraste colorido. Del centro colgaba un esqueleto, un animal prehistórico con hambre de conocer, leí la ficha ¿una ballena?… Reí.

Foto. Biblioteca Vasconcelos, http://www.elsouvenir.com, 2017.

Subí todas las escaleras para tener una vista más completa, pude ver la Torre de Pémex y el tianguis del Chopo. Recordé la adolescente búsqueda de discos y películas “under”: Agnes Varda, Chantal Akerman, Julie Dash. Miré al otro lado y descubrí salas cómodas, lounges de lectura. Fui a una de ellas y en medio del silencio con aroma a nuevo, me sentí en casa.

En una primera pila había libros de cocina y periódicos de restaurantes. Alguien estaba investigando asuntos de gastronomía, supuse, y nada moví. En otra pila había literatura en francés y por último un par de novelas. La portada de una de ellas me recordó a Soda Stereo. La editorial había elegido una foto poco relacionada con una catástrofe pero igual la tomé, necesitaba algo así como el título: intenso, breve y postraumático. La autora era una bielorrusa de la que nunca había escuchado, me acomodé en el loveseat y me dispuse al gozo. Esa vez no tuve que poner la alarma del celular por que mis senos lo eran. Ellos y el hambre de Tiago se conectaban avisando la hora de irme.

Justo en el momento en el que la autora develaba el nodo de una de las historias sobre radionúcleos que vivirían por el planeta eternamente, el aviso lactante empezó con un cosquilleo. Tuve que dejar el libro muy a mi pesar. Estuve tentada a tomarlo “prestado” pero observé el riguroso modo de auscultar las mochilas y el código escondido en cada libro que hacía sonar un sensor en la puerta de salida. “Odie” al tirano por tener hambre, odie el moderno sistema de resguardo bibliotecario, odie a mis senos, odié a la narradora de historias omitidas en la Europa oriental por tener que dejarla… Igual tuve que ir a sacarme la leche al baño, llamé a la mamá para que atendiera el desamparo famélico con químicos para bebés y lancé una mentira por mi retraso.

Lugar I: Empatía

La Universidad estaba en paro y el hastío de la maternidad, así como el rencor del parto y el posparto, habían pasado. Tiago ya no era un desconocido y a decir verdad me caía bien. Teníamos largas charlas sobre el cielo, los sonidos del viento en las hojas del pirul, las catarinas de los alfalfares y las gotas de agua en las tejas del techo. Me lo llevé a la ciudad feliz del alejamiento familiar, del divorcio, de la abuela.

Preparé la mochila con pañales, agua, toallas, cambios de ropa, un rebozo y una frazada. Me miré en el espejo y no parecía mamá; es decir, usaba la misma ropa que antes del embarazo, sólo mis senos lucían distintos. Un trauma: fui plana durante toda mi vida, con la llegada de Tiago el tamaño en las blusas fue estéticamente para algunos ojos más valioso. Miré con nostalgia el morral que estuvo lleno de libros, una carpeta y tabaco; esta vez sólo una cartera y un celular eran de mi propiedad, todo lo demás fue ocupado por las cosas de Tiago.

Acomodé la silla en la parte trasera del coche, puse una playlist para viajes largos: Mi mamá me lo teje todo, Ríe chinito, El vampiro negro, Duerme duerme negrito. Cantamos, reímos, charlamos hasta que lo venció el sueño.

Ya en la biblioteca fui feliz al mostrarle los huesos del ballenato, me ignoró. Él quería ir a la sala amarilla en la que había también humanos pequeñitos y móviles. Se la pasó bomba. Le encantó un libro de texturas y sonidos, le dije a la responsable de la ludoteca que si me dejaba buscar en su compu un texto que me había recomendado una amiga. La señorita amablemente lo hizo por mi y me dijo que no lo tenían, me mostró en pantalla a las gringas contemporáneas de la base de datos.

Mis prejuicios sobre las yankees empezaron a despedazarse, la autocomplacencia y el etnocentrismo no cabían en la obra de la autora que elegí: Lydia Davis. Anoté la referencia, guardé las cosas, dí de comer a Tiago y subí a buscar el texto al tercer piso. Le mostré la vista. “Lección 1 bebé. Física básica: sobre la altura en un espacio geométrico y la refracción de la luz.” Encontré lo que buscaba y los llevé a casa (ahora sí tenía credencial), el regreso fue tranquilo y él exhausto, durmió todo el tiempo.

Lugar II Tlaxomulco del deseo

Por la tarde me dispuse a leer, abrí la cafetería y después de limpiar todo me senté en la banca de madera. La pequeña área de fumadores estaba acompañada de un helecho hermoso y una pequeña mesa de cristal que mi padre hizo en su taller de soldadura, me la heredó. Me concentré en La Hermana, La extranjera de Lorde, algún día viviré en Harlem pensé. Una voz interrumpió mi vetusta lectura “¿Está abierto?” levanté la mirada y sonreí, “Sí ¿quieres ver la carta?” mientras se la entregaba reconocí al amor de mi infancia.

Todas las mañanas me apuraba para verlo pasar con su hermana. Era guapísimo, alto, moreno, ojos grandes, hoyuelos: Pablo. Olía riquísimo, él iba en sexto y yo en cuarto, nuestros respectivos hermanos en el mismo salón, varios grados abajo.

“Está bonito… es el primer café que veo en el pueblo” “¿Te parece? Intenté darle un toque rústico y rebelde sobre el tema zapatista, el café es chiapaneco ¿qué vas a querer?” “Espresso, por favor” “¿Sencillo o doble?” “Doble, debo trabajar hasta tarde…. ¿eres la nieta de doña Cata verdad?” “Sí” sonreí. Nos pusimos al día, ninguno de los dos esperaba encontrarse en el pueblo, ni regresar a él. Seguía igual de guapo que antes. Yo… cambié. Fui bastante gordita, chistosa, tímida. Entraron otros clientes, me disculpé por que debía trabajar y luego también alimentar a Tiago en sus últimos días de lactancia. Se levantó, pagó y me dio un beso y un abrazo. Me incomodó un poco, mi espacio personal es ciertamente restrictivo… aunque mentiría si dijera que no lo disfruté. Cuando regresé para hacer el corte de caja, noté que había dejado una tarjeta con su número telefónico.

Nos vimos para cenar, me molestó que fuera tan quisquilloso con la comida, supongo que es una debilidad de los chefs, criticar a sus contrincantes como rito de seducción. La noche mejoró cuando fuimos a jugar billar, reí mucho. Tenía un prejuicio sobre mi “ñoñez”y pensó que no sabía jugar, le gané un par de veces. Recordó que yo era inteligente y sacaba diplomas en la primaria, quizás me prestaba más atención de la que creía. Ya era tarde y le pedí que me llevara a casa, después de 9 años de emancipación y uno de juicio lamenté regresar a la casa materna, lo que me obligaba a llegar a horas “decentes”.

Foto. Sara Herranz, Instagram, 2019.

Chris Isaak sonaba en su auto. Me burlé de su gusto anacrónico. Con un sarcasmo abordé el tema de la crítica culinaria y luego el “Wicked game”. Su lengua inquieta y su sabor a cigarro me excitaron. Me tomó de la nuca y apartó el freno de mano. Sus labios gruesos, hostiles besaron mis ojos, mis sienes, mi cuello “Hueles súper bien” dijo. “No hables” dije. Lo mordí y le dije que fuéramos a su departamento. “Mi hermana organizó una fiesta ahí, vamos un rato y luego nos deslizamos sigilosamente a mi cuarto” “Olvídalo, Darla conoce a tu mujer, yo no sé cuánto tiempo voy a quedarme aquí, ya sabes pueblo chico, infierno grande, Ricardo aún no firma el divorcio…” Calló mis pretextos con otro beso y una mano debajo de mi vestido. Un gemido se escapó de mi boca escindiendo mis piernas.

Lugar III Guerrero bravo

Recibí una llamada de mi abogada: “No puedes exigir más dinero por que no tiene recibo de honorarios. No trabaja en una fábrica, empresa ni tiene bienes a su nombre.” “Pero sí los tiene Fernanda, tiene un terreno y un jaripeo en Morelos, trabaja en un consultorio veterinario y tienen negocios de maquinitas en varias tiendas, todo lo conozco, fui a firmar las escrituras con él, bueno del terreno, de “La polvadera” no sé creo que hubo una propiedad común con su socio, más bien ha cambiado todo en este último trimestre … ¿y ahora?” “Sólo podemos pedir lo mínimo o sea 40 salarios” “¡¿En serio? No puede ser, eso es infame. Es injusto para Tiago…! ”

Corté el teléfono y sentí una rabia profunda que subía del estómago a la sien. El corazón iba a estallar, cerré los ojos para encontrar calma. Tiago rompió el silencio de la habitación “¿qué haces despierta? ¿estás feliz?” corrí a abrazarle y a llenarlo de besos. En ese momento no pude explicarle qué clase de hombre era Ricardo. Lloré un rato en sus bracitos. Él tan usualmente receptivo, me abrazó fuerte y empezó a llorar conmigo. “¿Por qué lloras? no llores ¿qué tienes? ¿te duele la pancita?”

Bajo la perspectiva del exmarido: ella decidió separarse, ella decidió no volver a intentarlo, ni perdonarlo como las otras veces, ella decidió quedarse con el niño, irse a vivir lejos, ella decidió estar con otro(s) hombre(s).

Capítulo II. De los alimentos, código civil federal. Me puse a leer y a admitir que el Estado también es Patriarcal, les vale a los jueces y juezas si una tiene trabajo, dinero o salud para proveer a las crías, y a los hombres los exonera de su morosidad o evasión de responsabilidad, de su violencia económica. Si yo tenía bien claro que ningún crío era necesario en este país de pobreza y corrupción.La fuerza de las cosas: me volví solitaria y casi “estable”. No me moví por varios años aunque moría de ganas de moverme todos los días.

“Me verás volar
por la ciudad de la furia
dónde nadie sabe de mi y yo soy parte de todo…”

Foto. Galería de Ilustradoras contra el amor romántico, 2019. http://www.ladobe.com.mx

Recibí una llamada urgente e hice otra: “¿Dónde está? ¿por qué no avisaste que te lo llevarías? Se asustaron mucho y no tienen tu número ¿eres idiota o qué? ¡Pásamelo!” “Tiago no vuelvas a irte así, tus abues están muy preocupados, recoge tus cosas y dile a Ricardo que te lleve ahora mismo a la casa amarilla, llego pronto de viaje y ya, te vienes conmigo.” “Perdóname, no estés enojada mami (llanto) no lo vuelvo a hacer, sólo quería estar un ratito con él” (explosión en el pecho, hipoxia) “Sí, sí perdóname tú, ya es tarde no estoy enojada contigo, estoy enojada con él, descansa, mañana te llamo y platicamos largo, te amo. Pásame de nuevo a tu… a Ricardo”

-Yo creo que te estás equivocando, no lo puedes hacer sentir así….

( ¡Erupción volcánica! ¡Hiroshima! ¡Chernobil! ¡Tlatlaya! ¡Ayotzinapa! )

– ¡¿Qué dijiste?! ¡¿Me estoy equivocando?! ¡¿De verdad crees que tienes derecho a decirme a mi cómo ser mamá?! ¡No mames Ricardo! ¡De verdad No mames! Te desapareces 7 años eludiendo la pensión, las enfermedades, los festivales, las llamadas, los cumpleaños, los reyes magos y te atreves a decirme cómo educar a mi hijo! ¡No te quieras pasar de pendejo! Fuiste tú quien decidió abrirle las piernas a otras mujeres, estúpida fui el día que yo decidí que abrieras las mías para embarazarme, no tienes idea de cómo me arrepiento de ese momento. No por Tiago sino por el mediocre, cobarde e imbécil que eres ¡Fuiste tú quien escondió sus propiedades, el que se olvidó de él para volver a casarse, el que no se ha desvelado para cuidar su fiebre, terminar una tarea o abrazarle por una pesadilla! !No me digas que me equivoco, no me digas, no tienes derecho… maldito macho de mierda!

– (silencio)

No recuerdo qué dije, estuve por más de media hora apuñalando el teléfono con groserías y gritos por su ausencia, mi hartazgo, le reclamé cómo tuve que eludir trabajos chingones de tiempo completo y a los que no podía postular por ser mamá, la renuncia de los libros, los viajes, Brasil… hasta que el sabor a sangre amarga cesó. Esa sangre que corrió por mis venas tras 32 horas de parto y que ahora por fin, alcanzaba al menos, sus oídos. Todo lo que se tuvo que decir, se dijo. Mi fuerza, mi eje volvió a su sitio. Tomé el boleto de avión e hice arreglos para adelantar el regreso. Cerré la computadora y preparé mi ropa para la mañana siguiente, irme a otro lugar.

Zulema Gelover Reyes. Estudió filosofía (ULSA), antropología social (CIESAS) y abortó un doctorado en estudios sociales por violencia académica en el Colmex. Profesora, tallerista, gestora cultural, madre, coordina Casa Común y es activista en las colectivas feministas Marejada y Nido de Luciérnagas. Colaboró en Cometa y Mar, Fémina Fanzine y Red Medeas. Actualmente escribe ensayos y cuentos desde Zihuatanejo.