AGUA Y JUEGOS
OCTUBRE – DICIEMBRE 2021
«Me venza y pare los alientos el agua acérrima y helada…»
Gabriela Mistral

Foto 1. https://www.fundacionaquae.org/caracteristicas-agua/
Nuestra breve editorial
Nos encanta saber que el planeta está ocupando los espacios que la humanidad le había arrebatado. El agua a través de sus territorios se cierne en forma de tormentas, lluvias permanentes y mar de fondo. La naturaleza nos avisa: esto no es un juego, necesitan cambiar sus hábitos, sus relaciones, su «introspección». Los textos que se presentan y algunas de las imágenes son resultado de estas transformaciones, a casi dos años del aislamiento y la ruptura del tejido social, la vida sigue su curso. Las mujeres estamos cambiando y con nosotras también los sistemas alimentarios, las formas de amar, de mirar a otras mujeres, de cuidar a las compañeras de vida (que no necesariamente son personas) cambiamos para exigir derechos, para expresar libertades y compañerism@s. Jugamos a ser hermosas, rebeldes, valientes y después de la mar, de los ríos y las duchas descubrimos que ya no es un juego es la belleza real, la osadía y la revolución colectiva que nos despierta y nos dice: Todas juntas vamos a estar bien, vamos a cambiar el mundo para nosotras y para quienes amamos. Este número nos invita a fluir, a danzar, a sentir… Disfruten.


En su paso por el mundo, tanto el ciclo del Agua como el de la vida, funcionan en un proceso único y perfecto; así como el sostén en el tiempo a través de la capacidad de fluir y regenerarse.
El agua es un elemento receptivo a través de todos los sentidos. El agua como un principio curativo entre el cuerpo y el pensamiento, la purificación de la energía del alma en la transición por la vida.
“Somos agua…somos vida” que limpia, repara y descansa, que danza entre los peces de colores estimulando el movimiento del universo, que refleja la fuerza motriz de toda naturaleza, fuente de trasparencia y belleza.
María de Lourdes Romero Ramírez Nace en Tultepec, Estado de México, en 1988. Licenciada en Pedagogía, Centro de Estudios Universitarios, Instituto de Integración Cultural, Maestra en Innovación y Creatividad en la Educación, (Gobierno Edo. Méx.) Docente de primaria y preescolar. Dentro de las Artes plásticas, desarrolla un estilo propio con técnicas mixtas, destacó en el Festival de Arte “Cueterías” durante 8 años consecutivos y el “Día Mundial del Arte” en 2013 y 2014. En 2015, obtiene 3er lugar en el concurso de “Catrinas en tamaño natural” y el 1ero. en 2017 y 2018. Actualmente es miembro del Grupo “Plástica Tultepec”.
«Este es el (LA) mar que se despierta
como el llanto de un niño.
El (LA) mar abriendo los ojos y buscando el sol
con sus
pequeñas
manos temblorosas.
El (LA) mar empujando las olas,
sus olas que barajan los destinos.»
Vicente Huidobro

ANCESTRAS
Nubes negras
Diana Margarita Ceballos
Una tromba cayó,
tal vez fuimos nosotras…
Entre relampa-risas estruendosas,
cantos que mojaron las calles,
bailes vigorizantes
como rayos al horizonte,
parecía que hubiéramos bebido electricidad,
y solo fue un café con latigazo.
A LOS TAMBORES DE AGUA
Lavé los trastes,
lave la ropa,
lave pinceles y el piso,
use el agua para el escusado…
En este espacio colonizado,
lo líquido está subestimado,
a menos que esté entuba’o,
o embotella’o…

Necesito con el agua dialogar
y en un baño de hierbas recordar
que los tambores de agua se hacen sonar,
cómo glorioso ritual al ir a lavar,
las mujeres negras se hacen escuchar,
herencia bantú y bakar,
en Barlovento y Tacarigüita
el río percute a la par.
Fue magia de costas y montañas
sentir de nuevo el correr del agua,
de nuevo mis labios se saciaron
al tacto sutil de aquel baño
Diana Margarita (1995) Originaria de la border del Estado de México, soy pasante de la Lic. en Estudios Latinoamericanos de la UNAM, trabajo temas sobre feminismos negros y decoloniales, bailarina, artista interdisciplinaria-autodidacta.

RELATOS CON SABOr a…mar vol.2
Candelaria Donají Méndez Tello
Mi nombre completo es Candelaria Donají, me conocen más por Donají, un nombre de origen zapoteca que narra una leyenda. Cuando en mi niñez tenía más conciencia, me enteré que tenía otro nombre, eso me llenó de alegría, porque a mi madre yo la veía como una luz. Mi madre, una mujer morena, de cabello ensortijado, como hoy nos reconocemos: una mujer negra, afromexicana, muy adelantada a su época. Lo digo porque hemos dialogado en casa y nos sorprende todo lo que aprendimos de ella, antes de que nos dejara del plano terrenal.
Desde edad temprana nos inculcó el respeto hacia las personas mayores, hablarles de usted –pero eso sí, siempre con autocuidado- y cuándo llegará alguien a casa saludar, ofrecerle en donde sentarse y un vaso o jarrito de agua natural, un ritual que persiste en la familia. En la plática de las personas mayores no deberíamos estar las niñas y los niños, sólo cuando se nos indicará que estuviéramos presentes –aunque eso creo que no era tan justo-. No conocí a ninguna de mis abuelas, sin embargo, nos enseñó a amar el recuerdo de nuestras abuela materna y paterna, ella nos compartió las historias de nuestras abuelas.
De la higiene y cuidados en la mujer y alimentación en general;mi madre nos indicaba que debíamos tener responsabilidad con la higiene personal, esto es, el baño diario –más aún si estábamos menstruando-, lavar de inmediato la ropa interior y ponerla a secar. El cabello era de cuidarse por que en la escuela las liendres y piojos eran la orden del día y nos revisaba para evitar contaminación con los demás integrantes de casa. El aceite de coco oloroso y fresco (lo sigo usando hasta la fecha), adornaba los rulos de mi cabello que brillaban con el sol o la trenza bien hecha, sobre todo para evitar la pediculosis (piojos). La higiene de los dientes era fundamental, recuerdo que en algún momento ella uso el carbón molido para limpiar mis dientes.

Recuerdo también que cursaba el segundo año de primaria y le pregunté cómo nacían los niños, ya que en la escuela escuché una versión entre las niñas que me había dejado demasiadas dudas -preguntar ese tema en una época donde no podías atreverte a hacerlo, para mí no fue complicado- mi madre me dio esa confianza y comunicación, entonces su respuesta fue muy natural. Explicó a grosso modo que son nueve meses de gestación, la mujer pare a todos los hijos e hijas por su vagina y que ninguna cigüeña o pájaro blanco te aventaba desde el cielo a las tejas de la casa, “¡eso es imposible hija!”, dijo. Antes de preguntarle a mi madre, me daban vueltas los pensamientos infantiles, porque la versión que escuché fue: los avientan del cielo… y yo me decía: ¿Acaso no se romperán la cabeza, un pie o una mano? Y yo misma me respondía: sí eso debe ser, ahora entiendo por qué lloran tanto los niños. Pero no quedaba convencida, pues cada vez que veía a un bebé, no tenía algo que indicará (según mi observación) una abertura o herida en la cabeza.
En esa época en casa se criaban gallinas y puercos y con paciencia me explicó los procesos de gestación de cada animal. Así también, de manera muy parcial, me explicó que las mujeres cada mes menstruamos, y que en otro momento me hablaría más ampliamente del tema. Después me di cuenta que ella utilizo la palabra correcta: menstruación y no como comúnmente le decíamos o decimos, la regla.
La alimentación procuraba que fuera equilibrada, y lo que se pudiera adquirir de acuerdo con lo que trabajaban mi padre y mi madre en la tierra o en la mar. La comida se distribuía en forma equitativa entre mis hermanos y quienes estuvieran en esos momentos en casa; porque a casa siempre llegaba algún familiar amigo o conocido de la familia a comer. La fruta que comíamos era según la época del año: ciruelas, mangos, guayabas, tamarindo, papaya, marañona, entre otros. La comida variaba en general y dependía de los productos que había en casa y que mi madre convertía en: enfrijoladas, enchirmoladas, morisqueta, chirmole con huevos cocidos, caldos, entre otros más.

Cuando era temporada de mucha pesca, se tenían que trasladar a Punta Maldonado, mejor conocido como el Faro, municipio de Cuajinicuilapa. También pescaban en Corralero, Oaxaca, ya fuera en la laguna o en el mar, había un gran festín de tamaños y colores. Pescados que se consumían en caldo, fritos o asados. Además, de acuerdo a la temporada, podíamos comer tichinda (almeja) o langosta. Durante o después de la comida nada podía desperdiciarse, entonces las tortillas que quedaban se convertían en chilaquiles. De tantos recuerdos, comparto uno que me hacía brincar: mi hermana Paty le pedía a mi madre que hiciéramos Pastel Azteca, eso era todo un festín. La diferencia era que los chilaquiles se convertían en pastel (según mi hermana), por que llevaban queso y crema fresco (el dinero para adquirirlos no era fácil en esa época). Entonces ese Pastel Azteca era, y sigue siendo para mí, un gran manjar. Ya compartiré otros recuerdos, por ahora siguen entre la arena con sabor a… mar.
Candelaria Donají Méndez Tello.- -Co- fundadora de México Negro A.C. activista e investigadora en las áreas de turismo, afromexicanos y cultura, profesora de la Universidad Autónoma de Guerrero.
TEMPESTAD
Ana Laura Méndez
-Se avecina una tormenta- escuché decir a Doña Cleo mientras miraba hacia el cielo. En efecto, éste se tornaba gris oscuro y las copas de los árboles bailaban vigorosas. -¡Carajo!- dije en voz alta. No llevaba conmigo un paraguas, impermeable ni nada que pudiera evitar que me mojara. Caminé con rapidez, buscando un lugar donde resguardarme de la lluvia. Si lo hubiera sabido, no habría salido desprotegida de casa. La sensación de sentir que algo para lo que no estoy preparada se avecina, me genera ansiedad.
Los truenos, son un recordatorio de lo impetuosa que es la vida, de la furia con la que nos sacude en ocasiones, aquella furia que en ese momento recorría mis entrañas, una incesante onda de electricidad interna. Ojalá la vida pudiera predecirse por las mañanas, como esos quince minutos dedicados al clima. Descargar una aplicación, un click y ¡listo! ¡a tomar todas las precauciones para recibir las tormentas! Pero ese día no prendí́ la televisión, estaba ocupada eligiendo el vestido negro que llevaría puesto, alistando la urna y disimulando las ojeras de mi cara.

Comenzaron a caer las gotas, estruendosas, abundantes, con un fin que solo ellas conocían. Era inevitable, en algún momento esas gotas subieron a una nube, todas juntas, se abrazaron tanto y con tanta fuerza, que el día de hoy, la nube no pudo más, tuvo que dejarlas ir, desahogando su existencia. -Todo lo que sube tiende a caer- ya bien decía mi madre, ella que siempre tenía un refrán para todo, pues lo heredó de mi abuela. Ambas mujeres muy sabias, siempre prevenidas y listas ante cualquier vicisitud. Las tormentas pueden ser arrasadoras, se contienen, se mesuran, hasta que sin más llegan, inundan y destruyen todo a su paso. No se detienen, no hasta que sea su tiempo.
Todo toma su curso natural: la libertad. Por un momento sentí empatía con la nube y liberé unas cuantas gotas internas para que tomaran camino con las suyas. Quise abrir los brazos y volar con el viento, ir a dar al mar y encallar en una playa desierta, soñé que era una hoja, que ligera me transportaba entre las casas y la gente. Soñé convertirme en polvo, e irme tras la moto de mi amado hacia algún lugar frío y boscoso. Abrí los ojos y observé la realidad, la gente en medio de la tormenta salía de la iglesia apresurada, como si el tiempo les advirtiera un final fatídico.
Hay finales que no se predicen, y hay historias que no conocemos. Por supuesto que yo no esperaba ese día regresar a casa del funeral de mi madre, quien días antes en esa misma húmeda semana, comenzó a desprenderse de su cuerpo, pareciendo tener una conexión con el cielo hasta convertir su último aliento en vapor de agua, dejando en la habitación el aroma de aceite de almendras, vainilla fields y heno de pravia. Entonces las gotas que mojaban mi piel me recordaron sus besos en mis mejillas cuando era una niña y disminuí, para recordar mejor, la velocidad en mi andar.
Me dejé ir, sentir, diluirme. Parecía deslizarme, avanzar con cautela dejando atrás las huellas en el pavimento marcadas, las de mis botas y las emocionales. La lluvia limpia las marcas en el fango y la suciedad. Dicen, que también limpia las marcas del alma. Llegué a casa, abatida, doblegada, empapada. Entré, cambié mi ropa y me senté en el porche con un café y un cigarro, como había hecho el último mes cada noche en vela. Los olores mezclados con el petricor se impregnaron en mi piel, en los recuerdos, en aquellos momentos de mi infancia, cuando jugaba en los charcos de la cuadra, o me bañaba con mi hermana en los chorros que caían de las tejas. Ojalá pudiéramos volver a eso y reír juntas sin nada que nos doliera, excepto la panza. Consuelo es, que muy pronto nuestros hijos jugarán juntos y tejerán nuevas historias. Nadando en mis dolorosos pensamientos, me percaté que de pronto el golpeteo cesó, el huracán había desviado su paso, dicen los noticieros que se fue al norte. Yo creo que lo absorbí en esa banca sentada, porque desde ese momento, ya hace noventa días, de mis poros no ha dejado de correr el agua.
Ana Laura Méndez. Psicóloga y docente (preescolar-licenciatura) Originaria de Guadalajara, Jalisco. Radico en Zihuatanejo desde hace muchos años. He participado en revistas locales, grupos de arte, como locutora de radio y tallerista en grupos ambientalistas. Promotora de arte en la infancia y artista plástica de vocación. Creo en la escritura como cualquier medio artístico de expresión y crecimiento personal. Además, he probado realizar activismo a través de ella y estoy convencida que es una excelente forma de participación y cambio social.
EXPERIENCIAS ZANKAS
Cómo vivo en Ixtapa (actualizado)
AlSanCon
Me levanto entre resoplidos, patitas sobre mi brazo o sobre mis pies y si eso no funciona, empiezan los ladridos. Se ha vuelto rutina salir a caminar por las mañanas.
Regresamos, lleno tu cuenco de agua y otro de croquetas, me preparo para salir a trabajar, tú casi siempre al terminar de comer te me acercas, te digo “provecho” te acaricio el lomo y la cabecita y te pregunto si terminaste ya. Es común hablarte, mientras tú solo quieres jugar. Ya se nos hizo tarde, tomo la bici, mi bolsa, dos bules de agua, te subo a la canasta que instalé, te sujeto fuertemente y nos vamos para Zihuatanejo.
El camino ahora es diferente que tú estás, te voy platicando de lo que nos encontramos en la ciclopista y al llegar a la subida, te bajo para que me ayudes a empujar la bici, tomamos agua; lo fácil es la bajada.
Llegamos un poco más tarde de lo planeado, te dejo en el patio-estacionamiento de mi trabajo, ahí tienes a otros dos amigos y salgo a verte de vez en cuando para darte agua o jugar contigo.

Llegaste en un momento de quiebre en mi vida, como dice el refrán “Cuando llega una cosa, otras las dejas atrás”. Hasta la fecha me voy desprendiendo de todo lo que fue, así como cuando un renacuajo deja de serlo -al ocurrir metamorfosis- para llegar a ser Rana. Se reabsorben sentimientos, cambian perspectivas, se modifican rutinas del día a día, incluso la manera de comer. Para darle paso a una nueva Yo, y así trato que las cosas sigan su curso entre ladridos, langüetadas, mordidas y cariños de mi amiga Kiki.
Al SanCon. Bióloga por la UAM, me interesan todos los seres vivos y sus interacciones, en especial las algas marinas. Me preocupan los problemas que el humano ocasiona a los ecosistemas y en mi vida, busco alternativas para disminuir los impactos.
AGUA SALADA, CURITA DEL ALMA
Momik
Mi mamá me dijo que el agua salada cura todas las heridas,
desde entonces, cuando me siento triste, corro hacia ti.
Me sumerjo y te metes a mis llagas sin permiso,
ardes, porque me recuerdas lo difícil que es sobrevivir,
dueles porque invades la carne viva de mi sufrir.
Pero de a poco me sanas, me calmas,
me das un beso y me chapeas la cara.
Me acaricias el alma.
Salgo con el pecho hecho un nido, con el corazón cosido,
y me voy agradeciéndote y agradeciendo haber venido.
Cuanto más lejos estoy de ti, más te extraño,
porque en esos lugares grises en donde no estás,
no soy feliz.

No tengo quién me cante, quién me abrace,
no tengo quién simule mis lágrimas.
Por eso, cada que te tengo cerca, me hundo en ti
y te llevas a lo profundo todas las penas.
Tu voz sólo me susurra “todo va a estar bien”.
Momik. Costeña, foránea y libre. Mujer de arena con corazón de girasol: siempre atento, mirando al sol. Estudiante de comunicación y aprendiz de la vida. Mujer antipatriarcal, luchadora y segura de sí.
DE AMORES NO ROMÁNTICOS
Y ROMÁNTICOS TAMBIÉN
PLAYA ZEN
Gabriela Loal
De esta maraña de cabellos, aún no he podido retirar toda la arena. Muerdo mis labios que aun saben a mar, salados. Miro hacia abajo con ojos entrecerrados y noto en mí misma un rosa cristalino y un brillo nuevo.
Mi espalda descansada; corteza de fuego, resplandece como una alfombra de miel rojiza, húmeda y cálida. Aprecio mi rostro, mejillas chapeadas de humor bermellón, que se hinchan para mostrar lo profundo de mi loco corazón. Piernas y brazos me exhiben con destellos dorados, como aquella arenisca cobriza que tocaba las puertas de mi tez a favor del sol. La novedad tatuaba mi hombro: las originales puntas de una estrella celeste de tinta negra ahora adornan el lejano recuerdo de un verano cuasi perfecto. Ojos, pestañas, mejillas y labios nunca pudieron lucir tan esplendorosa naturalidad, radiantes y sin gota de aquellos materiales que contaminan los poros, de mi tan tersa piel.

Mi cuerpo desvestido, despojado de la apariencia, forma un delineado amarillo que surca, todas partes de mi ser. Juntando caminos y marcando mi historia con el eco de una árida guerra, una guerra en la cual, afirmé a mi reflejo: He decidido ganar.
Victoriosa, disfruto pues de estos rollos y pliegues de piel acomodados por las diosas históricas y madres de la naturaleza incomprendidas, y aun cuando soy mi propia musa, amo con locura los rostros afligidos de quienes deciden hablar del crimen que creen que estoy cometiendo. Volteo entonces mis carnes llenas vida sobre la toalla, y logro en el acto una mejor vista -porque esto no es acerca de ellos, es acerca de mí-.
No deseo aún tocar el agua dulce, anhelo recibir el exquisito paraíso de la brisa y la exposición de luz bañando mi cuerpo, mientras, en mis manos, juego con los artilugios naturales del océano azul; caracoles, ramas, conchitas, almejas y piedras de agua mágica que me recuerdan las ganas de soñar y los atardeceres en la ropa de mi madre.
Cuando se visita lo maravilloso y sublime y a sus elementos como tal: sol, mar y arena; la recompensa no solo es encantadora: nadie te puede tocar, asustar o hacer daño. Es como si tus sentimientos despertaran por primera vez, como recostarte entre sabanas nuevas y suaves, es como amanecer temprano sin motivo alguno, solo tú y tu piel, danzando en una fantasía soñada. Es sumergir tus deseos más secretos en agua cristalina, es contar cada granito de arena entre los dedos de los pies, es jugar al muerto sobre tu tan genuina cama de agua, es trazar aquel nombre en la suavidad de la arena con tus manos, es convertirte en ninfa de aquel recinto que es solo para ti. Es cantarle a las olas del mar tu canción favorita, es acariciar la espuma en la orilla de la arena, es acostarte y vivir desde tu autenticidad, es inventarte una historia de amor con final feliz, es sonreír para sí, porque sí. Es tan sencillo como respirar lo que no ves, es el deseo de volver a vivir un recuerdo que reproduces, las veces que necesitas.

Y con el viento en popa, decido entrar al agua y se desprenden de ti, los complejos que te edificaron, los malos recuerdos, las pesadillas perseguidas, el pánico, el miedo que te unifica, la ansiedad que ya no se esconde, y de momento, existes, eres, y haces porque ningún pensamiento ajeno te hiere, y encuentras en esa escena un grito de alivio a tus antojos, a tu vicio y a tu anhelo, a tu pasión egocéntrica y tu orgullo pasivo. Lo que se te dé la gana hacer, decir y pensar se convierte en el guión de una película, y que vuele la imaginación, que suene el soundtrack, y lloremos en bajo la lluvia pues quien ha protagonizado por años tu existencia, eres tú. Tú en medio del mar, tú en medio de la vida, y tú en tu corta vida. Tú con agua de coco para beber, y ¡flash!, no hay cámara que pueda reproducir estos colores, estos sabores y esta sensación de plenitud, porque dentro de tanta alboroto, enredo, y desorden hay paz, pero sobre todo… hay playa.
Gabriela Loal. Politóloga feminista y administradora pública, 28 años de edad y aficionada a la escritura. Zanka de nacimiento y migrante de la ciudad de México. Radicó en este bello puerto durante su infancia y adolescencia. Hija de una admirada escritora y empresaria colimense-zanka y de un padre escultor, con raíces orgullosamente Amuzgas. Es egresada de la UNAM ha asistido a más de 40 conferencias académicas, foros de debate y presentaciones sobre Administración Pública, Participación Ciudadana y Política Pública.
DESDE MIS NEURONAS Y ADENTROS
YNIR
AMOR: Un sentimiento desordenado.
“Uno puede amar a alguien y (ese alguien), ser la persona con la que quieres compartir tu vida, pero eso no impide que sientas deseo por otro individuo o que te enamores puntualmente (de otre) alguien.”
Richard David Precht
He descubierto nuevas formas de amar, de esas que no creí ser capaz. Comprendo que amar en libertad es una forma única que te convierte en quien nunca creíste ser; tenemos una idea errónea del amor, creemos que el sentido de pertenencia es la verdadera forma de demostrarlo. No nacimos con esta sabiduría, por eso es que nos encontramos en una confusión infinita sobre las formas de amar.
(LA) el Mago (A)
Cuando leí el primer texto sentí que podía “alcanzar la gloria” o probar un pedacito de ella… Me incitaba a poseer tanto, era como tener al mundo en mis manos, pero en ningún momento se habla: que tan consciente debes ser para realizar tal acto de valentía y, como una llamarada llegó a consumir todos mis adentros.
Llegaste como un terremoto sacudiendo oscilatoriamente mi vida, volteo a ver las ruinas y observo un nuevo panorama dentro de todos los escombros. Puedo ver los más pesados y comprendo que necesito limpiar profundamente “mis adentros”. Comienzo con el perdón y agradezco con el corazón. No se trata de ti, sólo quiero que sepas no todo está mal. Ahora sé que tanto ego envenena y el orgullo mal entendido enferma, dos de mis más grandes características se desnudaron ante el espejo.

Deseo que estas líneas me curen, me ayuden a desfogar cada sentimiento negativo para comenzar una reconstrucción interna. Por ahora, no necesito más caos y destrucción, a decir verdad no los quiero más. Es por eso que he dejado llegar a mí (LA) el Mago (A), para convertir las ideas en realidades, en hechos fehacientes, “actos de magia”: conciencia madura y entrenada, con capacidad de elegir ocupando mi libertad, dejando atrás la resistencia. Ya no hay treguas por qué no estoy en guerra, prefiero amar en libertad porque he descubierto una nueva forma de hacerlo.
YNIR originaria de Ixmiquilpan, Hidalgo. Me interesan sobre todo las áreas de las fotografía, la pintura y poesía por la plasticidad que poseen estos lenguajes para externar, analizar o emitir un criterio sobre emociones o pensamientos.
ROXY
Playa Ámbar Fernández Olivares
Érase una vez una familia que tenía dos perritos, uno era macho y otra hembra, los dos se escapaban mucho y eran muy amigos. Aunque no habían sido de la misma camada y la hembra era cuatro años más grande, se querían como hermanos. Se escapaban por días enteros y regresaban con mucha hambre y heridas en el cuerpo; nunca eran tan graves.
Cuando se iban a veces sólo regresaba Roxy porque Koa es más cachorro y busca novias. La familia no sabía a dónde se iban, escapaban cuando nadie se daba cuenta, vivían en una montaña tropical donde hay mucha vegetación y rocas filosas. Un día como cualquier otro, escaparon. Al siguiente la familia se preocupó porque notaron algo raro y fuera de lo común. -¡Koa regresó!- Gritó la hija mayor -¿Y Roxy?- dijeron los demás. Todos estaban confundidos pues la que usualmente regresaba era Roxy, pero esta vez fue distinto.
Esperaron juntos lo que quedaba del día, incluso Koa estaba preocupado e inquieto. Llegó la noche y Koa parecía sentirse culpable por haber dejado sola a Roxy quién sabe dónde. A la mañana siguiente la familia se fue a visitar a los abuelos, ahí la abuela contó que el perrito Chihuahua de sus primos, había fallecido así que eso los puso tristes y al regreso todos ya se habían preparado para lo peor.
Un par de días después de que Koa llegara solo, todos estaban listos para dormir, pero el papá todavía se iba a bañar y a darle de comer a Koa. La hija mayor fue a la cama de sus papás a decirle a su mamá lo triste que se sentía, luego fue a despedirse de su papá que le seguía dando de comer Koa y vio que miraba algo fijamente… -¿Adivina qué?- le dijo -¿Qué pasó?- ¡Roxy está aquí! Sólo que está muy lastimada. La niña se acercó rápidamente a su perrita y la abrazó. Después miró donde estaba su herida y exclamó: -¡AHHHH!- Con tono de dolor. Una de sus patas traseras tenía un gran trozo de carne desprendido y rojo.

La niña fue corriendo con su mamá a avisarle lo sucedido, ella fue a ver a Roxy y cuando vio la gran herida le echó una de las pócimas mágicas de mamá y esperaron hasta la mañana para verla mejor. Cuando amaneció vieron que sí era demasiado grave y buscaron en internet un veterinario cercano y accesible. Lo encontraron y le limpió las heridas, le dio medicamentos e instrucciones para que la familia pudiera medicarla también en casa. Pero debían de regresar todos los días para hacerle limpieza, aunque les dio un precio accesible lo más caro eran las anestesias.
Un día se dieron cuenta que Roxy se había quitado la venda y el veterinario les prestó un cono para que no lo hiciera. Pero ahora Koa le tenía miedo. Otro día la familia se dio cuenta que los perros había vuelto a escapar, esta vez con cono y venda. Cuando regresaron Roxy no traía ninguno de los dos y aún la familia le debe el cono al veterinario. Pero, aunque la recuperación de Roxy fue larga y costosa, ahora está como nunca. Roxy es la misma de antes, no ha aprendido la lección de no escaparse, y hasta el día de hoy la familia no sabe cómo se hizo tan fea herida.
Playa Ámbar Fernández Olivares. Estudia primero de secundaria, tiene 12 años, practica Tae Kwon Do y le gusta dibujar, pintar, escribir y pasar tiempo con su familia. Es la heroína de su hermana menor.
BÚSQUEDAS
Mapas censurados
Giovanna Enriquez
I
Dejó la pieza del rompecabezas sobre la mesa y apagó la luz que golpeaba directamente sobre la forma de fragmentos irregulares, de cartón barnizado. Le habían dicho que le tomaría aproximadamente un mes y doce días terminar el armado. Llevaba cuarenta y siete noches intentándolo. Nunca una imagen había sido tan cuidadosamente desarticulada en tantos pequeños espacios donde cualquier representación podía caber.

Se acostó a la mitad de la cama, se dio cuenta que estaba situada en un espacio completamente desmembrado, una cama de ciudad, un barrio entero entre las sábanas.
Del espacio sólo hablamos a partir de sus intersticios.
A la mañana siguiente, a las nueve veintitrés, sonó el despertador. Una vibración le serpenteó la espalda y escuchó la alarma directamente en el oído derecho, el izquierdo había perdido el auricular a medio sueño. El móvil había quedado justo debajo de su espalda y los audífonos se le enredaron en las costillas; dormir escuchando una vida entera del otro lado del auricular tenía sus consecuencias al amanecer.
Entró en la ducha. Una cascada soberbia le azotó la espalda, escurrió por ella y bajó delineándole las nalgas, le abrazó las piernas, el vientre, el pubis, las sangraduras, los tobillos. En algún momento le habían comentado que su piel tenía la textura perfecta, una mezcla entre la suavidad de un ajolote y un pájaro. Recordó esa charla, se tocó la cadera y, con las puntas de los dedos, trazó una línea con cada dedo desde el hueso de la cadera hasta las tetas. Sí, era un perfecto colibrí.
Ducharse es un constante reconocimiento de lugares donados.
Tomó la pieza de la mesa. La imagen no era sólo un mapa, era más que una cuadrado en blanco. Todo tenía sentido ahora. Colocó la pieza en su lugar, tomó otra, después otra, una más, la siguiente, también esa, esa otra también, una más, otra, una tercera, esas dos también, y esas…
Del brazo le escurrían todas las gotitas de agua que podían caberle en la piel.
Claro, era un mapa censurado, siempre lo fue. Qué belleza de rompecabezas.
II
A: espaciar para emplazar
B: producir espacios
C: ensamblar los sitios
D: instituir el lugar
E: hacernos de las calles
F: ocupar los caminos
G: instalar territorios
H: construir zonas
I: habilitar los pasos
J: recorrer regiones
K: desplegar el territorio
L: desdoblar las regiones
M: Ser intrusivxs en las avenidas
N: dislocar las escalas
O: Apropiarnos al espacio público
P: politización del espacio
Giovanna Enríquez. Artista visual e historiadora de arte con práctica literaria y fotográfica. Su trabajo consta de hibridaciones palabra-imagen, poesía, cuento, fotografía, audiovisual, imagen apropiada y acompañamientos curatoriales.
El día que conocí a Natalia
Luna Ruido
El silencio inundó el cuarto.
-¿Has comido hoy?- El silencio se me incubó en la garganta, miré al suelo mientras pensaba en inventar algo. -Vamos a pesarte- el miedo burbujeó pero no me salían las palabras, me levanté. Aún sonaban los tenis al pisar, pues estaban destilando agua de los charcos que había camino al hospital, estuvo lloviendo toda la mañana. -No me digas por favor- dijo -Está bien, voltéate no por favor- hizo una seña para que me subiera a la báscula de espalda. Sonó el metal como si la báscula estuviera dentro de mi cabeza, y lo estaba.
Tenía dos años vomitando sin que nadie se diera cuenta; reduciendo raciones, saltando comidas, fumando para engañar el hambre, laxándome, luego el vacío me trepaba por las entrañas, una chispa de hambre que nada apagaba, hasta que el fuego me quemaba la garganta y arrasaba el atracón. Devoraba lo que hubiera en la casa, llena de culpa con las lágrimas rodando muy lento, como si una fuerza sobrenatural me obligara: paz y calma, aunque fuera por unos instantes. Cuando se desvanecían subía la rabia, al principio imperceptible, crecía como una marea hasta que estaba tan asqueada que vomitaba, a veces sin necesidad de hacer nada, a veces lo provocaba.
Ese día frente a Natalia no estaba convencida de lo que hacía ahí. Las paredes blancas, el escritorio austero, sin fotos, sin nada personal, daba la impresión de escenario artificial. Me sentía atrapada, en una jaula, mientras ella me explicaba su forma de trabajar: -Vamos a fijar una meta, necesito que confíes en mí y que seas honesta- la miraba en silencio y asentía, pero por dentro pensaba “No te creo nada ¿para qué vine? No lo vas a entender” me levanté decidida a irme. El sonido se empezó a distorsionar como cuando te sumerges debajo del agua, un zumbido en los oídos, luego un sonido seco y abrupto. Silencio. No era la primera vez que pasaba, había sucedido en el camión, en el tren, en la escuela, sola en la casa. Estaba en el piso, veía a Natalia acercándome un algodón con alcohol a la nariz, sentí nauseas, el estómago ardiendo, no la escuchaba. Poco a poco los sonidos volvieron pero se seguía escuchando como lejana.

-Camila, ¿Cuánto tienes sin comer algo sólido? ¿Quieres un vaso con agua?- Desvíe la mirada al techo, me ayudó a sentar en la silla de nuevo. Tocaron la puerta, pasó una mujer joven con bata blanca.
-Natalia, la paciente de la cama 33 no quiere recibir alimento aunque ya está despierta.
-¿Tiene la sonda aún?
-Se la ha quitado varias veces hoy, la han tenido que sedar- El semblante de Natalia se tornó sombrío, como si supiera que el punto de no retorno estaba cerca. La mujer salió después de que Natalia firmará algo.
Afuera llovía otra vez, se escuchaban los carros pasando por los charcos y las gotas golpeando el techo. De pronto pude sentir la lluvia dentro, esas olas de rabia que a veces me inundaban se desbordaron por mis cuencas ojerosas con la piel reseca. Apenas podía articular palabra, no era nada bonito de ver, tenía los labios partidos, casi sangrando, la piel tirante, frío, pensé que no había nada glamoroso en lo que estaba haciendo, no era lo que veías en películas, ni en las páginas de revistas. Sentir orgullo y tranquilidad de sentirte mal, de sentir vacío, de los espasmos en el estómago cada que te crujen las tripas con desespero anunciando que, aunque tú le mientas a todas y todos, ellas lo saben. Lloré por ella, por mí, por miedo, por odio, por asco, por la incertidumbre, por mi mamá, porqué supe que al día siguiente podría ser yo la paciente de la cama 33 si no lo intentaba, y yo quería, y a la vez no quería intentarlo.
-Lo voy a intentar- solté bajito, con vergüenza y con dudas. Natalia sonrío.
-Te voy a acompañar- su voz lleno el cuarto como cuando el sol sale en una mañana de invierno. De pronto ya no estaba lloviendo.
Luna Ruido (Guadalajara, Jalisco) Puedo decir que después de una larga espera, estoy retomando crear. Volver a escribir, a dibujar, a fotografiar es un reencuentro que me ha llevado algunos años. Lo maravilloso de esto es que siempre puedes volver cuando te sientes perdida.
DESMESURA DE LAS VOCES Y LOS VIAJES
Niña caracol
Chepi Patricio
Soy una niña,
Que juega al balón,
Que baila,
Que corre,
Que sonríe,
Que grita,
Soy una niña pequeña,
Atrapada en un cuerpo de mujer,
Que mide 1.63
Y pesa 67 kg
Soy una niña pequeña,
Atormentada por el futuro de los mares,
Soy una niña triste,
Soy una niña enojada,
Soy una niña confundida,
No entiendo porque existe,
El sufrimiento por amor,
Si el amor siempre había sido,
Una cobija cuando hacía frío,
Un beso al despertar,
No entiendo porque existe la contaminación,
Si a la tierra que nos alimenta,
La estamos matando,
Y a todas las familias de árboles, peces, cangrejos, ranas, grillos, aves, flores y gusanos.
Soy una niña pequeña,
Que quiere jugar hasta que se vaya el sol,
El trabajo no me hace feliz,
Entonces no entiendo por qué hacerlo,
Veo a muchxs niñes atrapados en cuerpos de adultos también,
Ahora son enojones y groseros,
Comen sin amor,
Hablan sin amor,
Caminan sin amor,
Siempre con la mirada hacia el suelo,
¿Por qué no miran el cielo?
¿Por qué no miran el sol?
Quiero ser y morir siendo niña,
Una niña que juega,
Valiente,
Que corre,
Feliz,
Que goza del aire que respira,
Quiero que todxs seamos niñxs otra vez.
Ayer aborté
Ayer aborté la idea que mi cuerpo no es mío
aborté la idea que es gordo,
que no es bello,
que no es cuerpo.
“Mi cuerpo es mío
yo decido
tengo autonomía
yo soy mía:
¡no!
¡que te dije que no!
¡pendejo no!”
Ayer aborté la idea de mi menstruación es sucia,
Aborté la idea del pecado original
Aborté la idea de que estoy maldita
Aborté la idea de que tengo que sufrir
¡Aborté!

Ayer aborté el pensamiento machista
que hay en la forma en que debo vestirme:
Se ven mis pezones
¡PORQUE TENGO PEZONES!
Ayer aborté la idea de que las mujeres somos
locas
neuróticas
sumisas
putas.
Ayer aborté todo el dolor que sentí
hacia mi cuerpo y sentimientos,
porque siempre fueron violentados.
Ayer aborté tu pinche sistema opresor,
Ayer aborté a todos los hijos del patriarcado
Ayer aborté los tabúes que hay alrededor de mi cuerpo
Ayer aborté la idea de que no puedo sentir placer
Aborté el miedo de tocarme
Aborté el miedo de mirarme desnuda.
Ayer aborté porque es mi derecho
Ayer aborté porque fue mi decisión
Ayer aborté porque soy libre
Hoy…

Hoy que marcho
con ustedas, para nosotras
me siento feliz, fuerte y valiente
hoy marcho contigo, contigo, contigo, contigo, contigo, contigo, contigo, también contigo
hoy marchamos por nuestro Cuerpo /Cuerpa
vulva
vagina
pechos
nalgas
culo
labios
matriz
ovarios
CLÍTORIS
Nuestra cuerpa.
Hoy marchamos porque somos mujeres que reconocemos nuestra historia.
Reconocemos nuestra existencia personal y colectiva.
Hoy marchamos por nuestras ancestras.
Marchamos por ellas, por nosotras y para todas.
¡Viva nuestra cuerpa!
¡Viva nuestra cuerpa!
¡Viva nuestra cuerpa!
¡AMERICA LATINA SERA TODA FEMINISTA!
¡ABORTO libre, seguro y gratuito!
XOXO
Chepi Patricio. Tengo 20 años palmera y dos años bosque, estoy enamorada de la mar y sus océanos, a veces quiero volar pero no puedo, la moto me hace sentir que sí lo hago. Niña caracol cuando camino, me gusta escribir mis sentimientos.







