YOSOYNOSOTRAS IV

FUENTE. Archivo YSN 2017.

MAR Y MUJERES REVOLUCIONARIAS

No. 4 Junio-Agosto 2020

La Mar y las mujeres, no todas las mujeres, ni todos los mares. Las mujeres que han aprendido a romper cadenas, a tener menos miedos enfrentándolos o renunciar a ellos haciéndolos desaparecer: Mujeres Revolucionarias, ellas que se niegan al maltrato, a la muerte, a la desigualdad, que luchan para que sea respetada su opinión, sus derechos: a abortar, divorciarse, estudiar, a irse de donde le hacen daño, a exigir justicia por sus desaparecidos, a cuidar el territorio cuerpo y el territorio tierra-mar.

La Mar con sus tortugas, peces, arrecifes, con sus redes, cañas y piraguas para buscar el sustento. Esa mar que tuvo un suspiro con la contingencia y volvieron sus ballenas, delfines y tiburones, sus fondos visibles, sus mitos de sirenas y algas, un buen lugar para vivir y morir. Así los textos de esta edición.

En una primera invitación: la revolución empieza con los hábitos cotidianos ¿y si dejamos de producir basura? (no de recogerla) ¿y si dejamos de usar autos? (rodamos bicicletas) ¿y si consumimos sólo lo mínimamente necesario para que esos aluminios y plásticos no lleguen a los mares? (sembramos hortalizas, dejamos de «estrenar» ropa, celulares, dejamos de fumar) ¿Y si ese dominio que no sólo pasa por la naturaleza, sino que se acentúa entre sus especies, nos despierta y transforma esta pesadilla de racismo, sexismo y explotación? Agradecemos pues la participación de mujeres sabias que reconocen como muchas de Nosotras el origen Africano: nuestro pelo colocho, nuestras cuerpas redondas y sus ritmos (el 25 de julio es el día internacional dela mujer Afrodescendiente). Reconocemos la rebeldía de ser científicas de los oceanos, de las estrellas, de las profundidades, inspiremos a más mujeres a romper esquemas y a ser valientes, a luchar por la Universidad Pública y Gratuita, por la investigación hecha por féminas. Exhortamos a que conozcan sus propios mares, sus interiores, sus humedades, su cuerpa que es sobre todo suya y desde el autocuidado, la autodefensa, la rebeldía, hasta el placer, podemos resistir (el 8 de agosto es el día internacional del orgasmo femenino). Acompañamos las soledades y los miedos para que ninguna mujer elija la muerte como realidad y mejor como metáfora, como poesía para que reconozca su fuerza interna y la nuestra colectiva, que sepa que nos necesitamos para derrumbar el patriarcado, para derrumbar el Estado Opresor por que los genocidios No se olvidan. Busquemos en la mar nuestra inmensidad oceánica, nuestro origen universal, que nada ni nadie nos impida crear, gritar, salir, crecer. Finalmente, la Rosario, así le llamamos como hermana, maestra y luchadora feroz (el 7 de agosto de 1974 muere en Tel Aviv) filósofa, poeta, periodista. Escritora y Lectora voráz, las invitamos a descubrirla y a leerla, es una salvavidas cuando nos asfixia la domesticidad, el tedio, el machismo. Su ironía y sencillez son exquisitas.


Playa Linda. Felipe Mora, 2019

ANCESTRAS

Aquélla vez en el Mar

Crystal Hernández

¿Quiénes somos?

Escritoras de Guerrero o escritoras que han visitado sus pueblos, playas, sierras, ruinas o que se han mudado acá o que han compartido con otras mujeres, inicialmente en la Bahía de Zihuatanejo, luego ya en otras regiones de la entidad. Nuestras secciones: Ancestras, Experiencias Zankas, De amores no románticos y románticos también, Búsquedas, Desmesura de las voces y los viajes.

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Pescerías, Felipe Mora, 2029

Fuente. Archivo YSN 2018

Vi tus fotos una última vez,

Como acto de resignación lo que no volverá.

Y casi como respuesta al miedo que tenía a olvidarte,

Comencé a recordar;

Aquella vez en el mar, una de esas tantas.

En la que eras libre sin nada importar.

Te recuerdo torpe y ciega.

Me dijiste que no sabías nadar, y aun así

ibas hasta lo más profundo.

Solo para sentir la euforia de que tus pies perdieran el control.

Se te llenaba de sal el alma.

Me decías que así eras feliz,

Lo guarde como la mejor manera de recordar una ola.

Hoy le pongo nombre a la ausencia, como el adiós que llego para quedarse.

Quedarme con los granitos de sal que tus dedos sacudieron en mi pasado.

Mujer, ARCHIVO Felipe Mora, 2017.

La Mujer Afro

Candelaria Donají

Mirando al horizonte por las noches La Mujer Mar, canta a su eterno enamorado. Allá en tierras lejanas llamadas África, en el pueblo de Nyanga, un día atraparon a sus habitantes… Una pareja tenía pocas lunas de haber iniciado su nueva vida en familia. Por esos tiempos y en una noche cuando la luna se fue de paseo, los atraparon, se los llevaron y fueron separados… una frágil barca en el inmenso mar, que navegó lentamente por largas noches y días. Ella confirmó que en su abultado vientre llevaba consigo a su amado. Así, cuando llegaron a tierras diferentes, los dolores del parto arreciaron y con los rayos del sol parió una nueva vida.

Para sobrellevar su tristeza, construyó un tambor a escondidas, con la intensidad de su voz enviaba mensajes con el viento, prefería los rojos atardeceres o las noches de luna llena. Sus manos percutían fuertemente tam, tam, tam, tam, sonidos rítmicos, cadenciosos, alegres, bulliciosos y a veces melancólicos que se escuchaba a lo lejos. Siempre percutiendo su tambor y mirando ese inmenso mar, con la esperanza que algún día llegara el mensaje cifrado a su enamorado. Entonces, hombres y mujeres construyeron más tambores para acompañarla en comunidad.

Este relato lo contaba una y otra vez el abuelo, bajo el sagrado y frondoso árbol de Parota -así fue como llegamos- decía. Cuando el abuelo murió nos quedamos en silencio varios días, hasta que la abuela repuesta del dolor, nos juntó a todas las niñas y niños -Vamos caminen conmigo- pero antes de llegar a la Parota alzó los brazos y con voz potente dijo -Platicaré a nuestra descendencia cómo llegamos a estas tierras y ellos les contaran a sus hijas e hijos también- la abuela camino despacio, abrazó al árbol y todas hicimos lo mismo. Respiro profundamente, se sentó, acomodo su espalda en el tronco y nos empezó a decir: Mirando al horizonte, por las noches la mujer mar, canta a su eterno enamorado…

Candelaria Donají Méndez Tello. Co- fundadora de México Negro A.C. activista e investigadora en las áreas de turismo, afromexicanos y cultura.

EXPERIENCIAS ZANKAS

Playa Larga, Felipe Mora, 2019.

Marejada

Sinthya Castillo Márquez

Dejé de creer en mí y castré todo gesto. Toda voz se convirtió en susurro, en quejido derrumboso y agonía.

¿Rearticular la esperanza? La gasolina, el plástico, las bolsas donde guardábamos. Donde creímos contenerlo todo.

Esta tormenta cedió, las ventanas de madera fueron arrancadas, fueron vistas flotando en la mar por los peces, que arremolinados hablaban de nosotros.

Nosotros, los otros, los que olvidamos el pasado amniótico y oceánico, que cerramos la frontera a todo.

Los vi flotar por la mar anunciando una desgracia y entonces salté. Se veía el agua clara y cristalina. La arena quieta al fondo. Pero caí más hondo, tan al fondo que anhelaba al aire y no veía a la luz resurgir.

El azul marino era casi negro de la noche, expulsándome de sus entrañas.

La tarde que nací era el mediodía y la oscuridad se prolongó más de lo esperado. Otro poco más, y otro poco. Anhelando al aire, calculaba los segundos para manar, unos veinte, pero los veinte se agotaron, y claramente sentí que ya no saldría. No saldría viva al mediodía. No sobreviviría en mi propio nacimiento.

Cuando al fin broté, una bocanada bastó para que otra ola me tragase y me arrastrara al fondo. Una tormenta, el paraíso se había vuelto una tormenta.

Así entendí que la tormenta era el paraíso: La quietud, esa pausa entre el big bang, entre los soles al colapsar, el instante terreno.

Dejé de danzar y cantar con la noche, pero un día con los vientos, tuve que gritarlo todo. Tuve que azotar las ventanas hasta desarmarlas y dejar a todos sin voz, llorando. Mirando partir a sus escombros arrasados, arrastrados.

Lloramos con furia y con impotencia al despojo.

Y luego quedamos quietos en medio del destrozo, listos para asomar lentamente, los ojos y la voz.

Mar y mujeres revolucionarias

Al SanCon

Tengo tantos recuerdos en el mar, mi acercamiento con el agua salada empezó desde muy pequeña. Al ver una foto con mi papá: yo en brazos a la sombra de un paraguas. Jugando con mi hermana en el vaivén del agua en busca de la concha más bonita, castillos en la arena, esquivando olas por debajo, tratando de montar una ola en la tabla, ser revolcada una y otra vez, nadar, platicar, contemplar atardeceres, largas caminatas en familia y las mejores comidas de mi vida. En especial, hay recuerdos que me costaron más trabajo realizar, por ejemplo: entre mi curiosidad y decisión tomé clases de buceo al terminar la carrera, en busca de la otra cara del mar, ese mundo submarino del que algunos hablan. He de decirles que se ve fácil pero no lo es tanto, primero necesitas equipo: visor, esnórquel, aletas, cinturón con libras, tanque, reguladores, consola de instrumentos (profundímetro y manómetro), compensador de flotabilidad y reloj.

El curso lo tomé en la Facultad de Ciencias (UNAM), los sábados nos daban teoría desde Física hasta Fisiología del buceo, te explican el equipo básico, SCUBA, los procedimientos en una inmersión, el uso de tablas, cómo medir tu consumo de aire, el manejo de estrés, primeros auxilios y sobre los ambientes acuáticos. Todo esto para no tener lesiones, saber planear tu buceo y para darte más confianza. El entrenamiento dominical consistía en el calentamiento afuera de la alberca de CU, correr 5 kilómetros hacia el jardín botánico, de regreso nos cambiábamos y nadábamos, terminas fulminada. Pero todo esto valió la pena, la salida a campo fue increíble, visitamos la Pared de Santa Rosa en Cozumel, Quintana Roo. Son sitios donde tienes una visibilidad abajo del agua de cientos de metros de distancia… que se ve el mismísimo abismo. A tu alrededor danzan cientos de peces de todos colores y formas, una tortuga buscando su aperitivo del día, también un tiburón gato haciendo su recorrido de la mañana, pulpos escondiéndose con su mimetismo, uno que otro pez acercándose con aires de desconfianza y al final de la inmersión practicamos una maniobra que simula como si perdieras tu visor con esnórquel abajo del agua, es decir, te encuentras en el fondo marino, te quedas ciega y te concentras en tu respiración porque allá abajo no puedes dejar de respirar, puedes disminuir el ritmo, pero nunca contener la respiración. La sensación es sorpresiva, se mete el agua salada a la nariz con presión y sabes que llegara hasta cierta altura de la nariz sin ahogarte y, sin caer en pánico, la sensación es rara. Las primeras veces cuesta trabajo.

Fuente. Barceló.com 2020

En Ixtapa-Zihuatanejo se vive diferente el fondo marino. Un día de trabajo para ir a recolectar datos y muestras del arrecife coralino de Playa Coral en Isla Ixtapa se comenzó temprano. Preparas tu equipo personal y un ext,ra como un bule con agua mineral, sal y limón para los mareos. Sales con la esperanza de que las condiciones sean favorables para la inmersión, repasas si llevas todo el equipo Rumbo al laboratorio recogemos el equipo de colecta y scuba como tanques de aire comprimido, chalecos y tablas, cansada de cargar todo hasta la embarcación, la experiencia apenas comienza, en lancha platicamos de la organización antes, durante y final del buceo. Llegando a la localidad se prepara el equipo, comúnmente somos tres o cuatro personas los que bajamos, se queda el capitán en la embarcación, al bajar el agua esta fría, nos hacemos señas ¨estoy bien en superficie¨ y la señal con el pulgar abajo nos indica que empieza el descenso, la visibilidad es de unos cuantos metros, bajas revisando tu profundímetro y tu reloj, el tiempo comienza a correr y veo una pequeña medusa que pasa sus toxinas a mi mano, llegando al fondo y con señas empezamos a trabajar, uno se encarga de colocar el transecto (cuerda marcada cada metro), otra persona coloca la unidad de muestreo (cuadro de metal subdividido para anotar coberturas de sustrato y macroalgas) y por ultimo una tercera persona toma muestras con cincel y martillo. Las corrientes en esta localidad parecen un vaivén, te llevan pero te regresan a la posición en la que te encontrabas, te deja trabajar pero debes hacerlo con ritmo. Los peces, cangrejos y moluscos a tu llegada huyen, pero al estar un rato en el mismo lugar se empiezan a acercar curiosos, otros peces empiezan a defender su territorio, muchos otros siguen en busca de comida y en especial hay peces que llamaron mi atención, los peces Arcoíris de Cortés (Thalassoma lucasanum) que se mueven ágilmente como jugando alrededor tuyo, hubo un pulpo que sintió nuestra presencia, abrió un ojo, lo volvió a cerrar y permaneció inmóvil. Sobre las cabezas de coral, predominaron parches de céspedes, coralinas costrosas y articuladas, todas estas formas de crecimiento de algas son muy interesantes ya que nos hablan del porqué se encuentran sobre el coral, muchas de ellas son indicadoras del estado del arrecife, es decir, si presenta signos de degradación. Y después de un rato entre todos habitantes, erizos negros, esponjas azules y una variedad de peces, te sientes parte de ese mundo en las profundidades.

No me consideraba una mujer revolucionaria del mar, pero justo hoy al leer una noticia sobre una bióloga marina Eugenie Clark, en el ¨Día de la Mujer en el buceo¨ (no sabia que existía), estudió a los tiburones durante décadas, nos enseño a admirarlos y dejar de verlos como los enemigos de nuestra vida, murió buceando a los 92 años de edad. En aquellas épocas (era mas evidente) encontró mucho sexismo institucional al ser un campo dominado por hombres, yo soy resultado de todas aquellas que nos abrieron camino, a pesar de ser señaladas y criticadas ellas siguieron su pasión. A mi parecer lo mas importante es seguir nuestro corazón y razón de lo que estamos haciendo cada día, nuestras acciones repercuten en los océanos, si no lo creen vean mi video en la página de Ecotianguis Sanka en facebook.

Al SanCon. Bióloga de corazón, me interesan todos los seres vivos y sus interacciones, en especial las algas marinas. Me preocupan los problemas que el humano ocasiona a los ecosistemas y en mi vida busco alternativas para disminuir los impactos.

Sonrisa en PixaBAY, 2020

Humedades

Ramona Pez

El sillón oscuro, suave y enorme lleno de descubrimiento. Deseo. No sabía cuantas fibras nerviosas tenía la piel de ciertos “no lugares” hasta que pasaste tus dedos sobre ellas. Encendiste un calor que bajaba de mis caderas y se hacía líquido como mi lengua, en mis senos se tensaban cimas que querían rozarse con tu pecho pálido y suave. La pelvis que, inexorablemente, buscaba la tuya se movía acomodando la vulva en un espacio estratégico. Placer. Sentí tu sangre. Al oído: “¿te gusta?” “Me gustan tus sorpresas, tu aroma y tus muñecas delgadas” luego empezó a lamerlas. Mordí tu cuello “qué lástima que no podamos quitarnos toda la ropa…” Subíamos el volumen de la tele después de comer en mi casa, se escuchaban tiroteos en las pelis -buscábamos las más ruidosas- o canciones de rock en VH1 mientras se susurraban dulces obscenidades, caricias, jadeos. Jalaba tu pelo, mordía la comisura de tu boca y me montaba en ti.

Nos formaron en una moral religiosa en la que el cuerpo es un secreto maligno y sus sensaciones perversas. No preguntes, no te toques, no te mires, no goces: es malo. ¿Cómo iba a ser “eso” malo, si nos hacía tan felices? ¿Cómo no buscar que se repitiera una y otra vez, que se postergara más, que no terminara nunca?

Una mañana que hubo pocas clases llegamos muy temprano a su casa. “¿Mamá?” gritó él “¿ya te fuiste?” Insistió. Una mirada juguetona y una oleada de emoción sacudió nuestra cuerpa. “¿Y si llega tu hermana?” “Está en en el hospital, hoy sale tarde” “¿Y Aldo?” “Está haciendo sus prácticas” Llegamos hasta su cuarto con el corazón como una bomba de tiempo. La humedad tenía una fuerza expansiva: recorría un camino que iba desde mi paladar hasta mis hombros, doblaba por la espalda y volvía al ombligo en un abrazo largo y gozoso, bajaba a la puntita de los

labios no bucales; el juego empezaba otra vez. Se despidieron converses, playeras y pantalones. Me recostó con mucho cuidado, olió mi pecho y caminó por él con la nariz, mordió uno de mis pezones. Un gemido que venía de lugares remotos como los que deformaron a la Pangea atravesó mi diafragma. Se detuvo en seco. “¿Qué pasó? ¿Ha llegado alguien?” Pánico. Sonrió, me abrazo, se metió en mi pelo y pasó sus manos sobre mi silueta. “Eres una diosa Elisa” Sonreí y lo jalé hacia mí. Sus dedos se metieron en la espesura “prohibida” y encontraron un hilo de sensaciones que provocaron escalofríos en la nuca, nalgas y llegaron hasta las rodillas. Abrí las piernas. Me tomó de la cintura y me miró de una forma muy extraña. “¿Arriba o abajo?” “Arriba” dije. Besos largos y sorpresas sensoriales, guturales, oníricas con las costillas, la vagina, entre los dedos y las plantas de los pies. Besé los suyos. “Te amo Elisa, me encantas, de verdad me encantas… espera, deja ir por algo” dijo. Se lanzó de la litera con un zarpazo y escuché cómo se cerraban y abrían cajones, crujían bolsas, se abrían cierres. Después de un par de minutos, regresó decepcionado. “No tengo condones” “Yaaa, no te preocupes, ven, mi primo me dijo que puedes eyacular afuera” Abrió los ojos de plato “¿En serio?” Corrió hacia la cama, me abrazó con fuerza y me besó la cara, los párpados… reanudamos el ritual de humedades, temblores y caricias.

Estática y silencio, sus manos tomaron mi rostro y con mirada de cíclope susurró “No, mejor no, no sé como salirme, que tal si me vengo en ti, prometo tener todo listo la próxima vez…” “Pero yo quiero…” insistí. Frustración. “No, Lis en realidad no quieres. Sí quieres esto, pero no quieres un bebé, me lo has dicho mil veces: cero hijos y yo tampoco, no ahora, te amo pero no sé… déjame intentar algo.” Sentí un poco de enojo y alivio a la vez, como que no entendía. Encendió su compu, dejó correr una pieza: Concierto 2 en C menor Op. 18, Rachmaninoff .“¿Me dejas besarte?” “Pero si lo has hecho toda la mañana” Me miró a los ojos y luego mi pubis “Pero, pero, pero…” “¿Me dejas?” Catástrofe, nuca esperé que me pidiera algo así, de hecho no pensé que algo así se pudiera hacer… “Yaaa, tranquila, si no quieres está bien” “Es que.. no sé si quiero… no sé qué va a pasar, me da pena…” “Ven ¿Ya te dije que te amo verdad?” susurró. “Sí” y metió su lengua a mi oído. Explosión en el pecho, otro gemido, sentí su pene pegado a mi pierna, estábamos recostados de lado. Cerré los ojos. Me acomodó y se puso frente a mi, flexionó mis rodillas, miró mis muslos mordió y besó mis pantorrillas, llegó a la entrepierna y beso mi sexo, su lengua derribó toda resistencia, otra vez. Los otros labios se juntaron con los suyos y descubrieron mi clítoris. Cero maldad, cero pudor, cero moral. Me dejé ir por un sendero de jugos y placer. Había un concierto al fondo y otro en la cuerpa con un ritmo propio. Silencio y oscuridad.

Una ola de agua hirviendo salió de mí después de un gemido largo que detuvo el tiempo. Un goce indescriptible, como un toque eléctrico infinito y breve a la vez. Escuché a lo lejos “…me voy a venir Elisa, no puedo más…” Creo que él se masturbaba mientras me lamía. Ni cuenta me di. ”Voy a traer algo para limpiarme” Asentí, todavía sintiendo cosquillas en la vulva, exploré el rastro de la fiesta; era enorme. En su cama parecía que hubiesen derramado agua, me toqué, sentí una sustancia viscosa entre los dedos, la llevé a la nariz… Olía raro y a la vez semejante a otra cosa… La frialdad de las sábanas me regresaron al mundo. Identifiqué el aroma: ¡creo es orina! ¡ay nooo! ¡qué pena! pero ¿qué me pasó? en internet no me advirtieron ¿Qué voy a hacer?… “¿Todo bien Lis? ¿te gustó? fue… increíble. No voy a poder dormir hoy, ni mañana, es más no voy a dejar de pensar en ti hasta que pueda penetrarte con mi lengua o con mi pene.” No presté atención, estaba avergonzada, temía que el aroma me delatara. Subió a abrazarme y me extendió una caja de pañuelos desechables. Simulé una sonrisa y traté de esconder el rastro del delito, me senté. ¿Cómo alguien puede orinar sin darse cuenta en su primera vez? Pero si ni primera vez fue, no hubo exactamente penetración… Quería llorar “¿Estás bien?” dijo preocupado “¿Te lastimé?“ No, no, sólo… quiero bañarme, no puedo llegar a la casa así, tengo clase de inglés por la tarde” Su sonrisa era enorme. “Sí, entiendo ¿nos bañamos juntos?” él estaba feliz.“¡Noo!” Se sorprendió. “¿Por qué?” “…este ¿qué tal sí llega tu mamá o alguno de tus hermanos, qué les vas a decir si llegan?” “Que hice el amor con la mujer más bonita del mundo” Me enojé “Ya… no seas payaso, déjame entrar a la ducha… y… me llevaré esta sábana hasta allá… no vaya a ser” Él en pleno desconcierto me pidió un beso y yo me negué. Intenté lavar en la regadera la única ropa de cama que pude llevar a la tina y me disculpé diciéndole que tenía prisa. Beso fugaz.

Fuente. Cultura Colectiva, 2017

“Hola guapa ¿Cómo estás? no me pude concentrar en todo el día, no dejaba de recorrer tu cuerpo, de regreso a casa puse una y otra vez el concierto 2, cierro los ojos y te veo, te saboreo. No entregaré la tarea de ciencias” “Bien, sí… -seguía apenada ¿se habrá dado cuenta?- ¿pero llevarás el libro de Bioquímica, no? ¿a qué hora llegó tu familia?” No sabía como preguntarle si en el resto de las sábanas había quedado rastro nuestro, el horroroso mío, más bien. “Sí, pasé a la biblioteca después de comer y me quedé un rato en las canchas. Llegaron como a las seis” “¿Recogiste las ruinas de nuestra odisea?” “Si… muy a pesar mío eché las sábanas a la lavadora, quería conservar tu aroma, pero justo cuando llegué moría de hambre, preparé cereal, Aldo llegó a chingar como siempre y derramé todo” Alivio sideral… “¿En dónde, en la cama?” “Sí” “¿Y no se quedó un aroma raro en el ambiente?” “No ¿por? Bueno sí… -taquicardia de nuevo, vergüenza total- Tu perfume se quedó en mi almohada, su aroma es embriagador, no dejo de olerla, temo que se vaya, hoy dormiré deliciosamente” Suspiro de alivio. “Vale pues me tengo que ir, debo estudiar el cuadro de Historia, gracias por descubrirme así” “Te amo Elisa, gracias a ti por existir”. Después de un suspiro y de colgar me metí a internet…

¡Húmeda y Rica Eyaculación Femenina!

Ramona Pez . Zulema Gelover Reyes (1981). Escritora, gestora cultural, profesora universitaria. Estudió filosofía, antropología, teoría de género y ciencias sociales. Disfruta hacer danza tanto como nadar en la mar, leer historias hechas por mujeres y escuchar música. Es miembra de Nido de Luciérnagas, Casa Común y Marejada Colectiva feminista en Zihuatanejo, Guerrero así como de Cometa y Mar, canal de youtube con perspectiva de género para niñas y niños.

FUENTE. Latina, Freephotos, 2020

Mujer Oceano

Pouppé López Gaytán

Mujer océano 

furiosa calma

Mujer océano 

sabor a sal
Mujer          

olas fáciles de sortear

Océano         

 olas que arrasan con intensidad

Mujer pensamiento 

         Mujer océano                     

Mujer profunda

Océano lleno de vida.

Ser océano es ser mujer
Ser mujer es ser océano 

crecer con la luna   

 bailar con el aire             

  secarse al sol                 

helarse en los polos

derretirse             

fundirse                       

 transformarse.

Ser océano es ser mujer

Ser mujer es ser océano.

Poupée López Gaitán. Nadadora de aguas abiertas. Realicé El cruce de Can Cún 10 km en 2016. Feminista. Gestora cultural.

Mar Rojo, Felipe Mora, 2020.

DE AMORES ROMÁNTICOS Y ROMÁNTICOS TAMBIÉN

10 de junio del 72

Llorona

La entrada a la secundaria No. 2 (mis recuerdos de la CDMX ahora que vivo en ZIHUATANEJO). Cursaba el segundo año en el turno vespertino, la salida era a las dos y como todas las secundarias vespertinas del DF, era sólo de mujeres. Estaba situada en la calle de Fresno, a una cuadra de la avenida San Cosme, sobre ésta se encontraba la Anexa a la Normal, también secundaria, era mixta y se ubicaba a 20 pasos el metro San Cosme. Finalmente, la secundaria 4, que estaba a unos pasos del mismo metro, era sólo de hombres.

En la estación del metro Normal, se encuentra La Normal de Maestros, esta zona es propia del Instituto Politécnico Nacional (IPN), conocido como Casco de Santo Tomás, ahí hay escuelas profesionales y vocacionales: “Voca” 3 y Wilfrido, Escuela Superior de Medicina, Ciencias Biológicas, Contabilidad, Enfermería, es una zona escolar grande. Una estación antes del metro Normal está Colegio Militar, que hace honor a su nombre y se encuentra en Calzada México Tacuba y calle Felipe Carrillo Puerto. También esa es zona de secundarias: La 15, la 20 y el Hospital de la Mujer que continúa siendo parte del IPN. Estas son áreas con mucho movimiento estudiantil, también la del Plan Sexenal, un lugar de deportes y para asistir a clases de natación, básquetbol, futbol, atletismo, volibol. Siempre había estudiantes haciendo ejercicio, en los dos turnos. Recuerdo bien, ese día tenía deportes, blusa blanca, short azul, falda, calcetas y tenis blancos.

Tuve una clase, no recuerdo cuál, después, insisto, deportes y subimos luego a iniciar clase nuevamente, por el altavoz, la directora avisó a toda la alumnada, que recogiéramos todas nuestras pertenencias. Nos preguntábamos qué estaba pasando, todas de pie guardando cosas y riéndonos, porque ese día ya no había clases. Nos tardábamos. Como segundo año nos correspondía el 2do piso.

Un ruido que no conocíamos, se escuchó en las ventanas, después supimos qué era el ruido. Una ráfaga de disparos. No sabes qué pasa, ni qué hacer, volteas a ver los disparos, cae una compañera, sobre las bancas. Fue algo espantoso, gritos, empujones. Ella se quedó sin moverse más.

Logramos bajar, las maestras ya no nos llevaron al auditorio, nos dijeron, corran a sus casas y no se detengan, aquello parecía estampida, las compañeras de primer año llorando al verse solas fuera de la escuela. No me detuve, corrí sin ver a nadie, como todas lo hacíamos. Llegando a Calzada San Cosme, el espectáculo era peor, sobre la avenida, personas con armas, apuntando a los que pasábamos, otros con cadenas y palos, se oían los balazos de arriba, personas tiradas, seguramente muertas. No me detuve, corrí al metro San Cosme, las puertas las querían cerrar, entré a fuerza de meterme entre la reja y el empujón de los de atrás.

Entré al metro, personas llorando y heridas, muchas personas, la mayoría en silencio, sólo los sollozos y quejidos. La dirección era Tacuba, se hizo eterno el trayecto. Esa ansiedad y miedo hasta ese momento no me paralizaron, la salida del metro está sobre Calzada México-Tacuba, también daba horror ver lo que pasaba en esa Calzada, más personas caídas, jóvenes con palos y cadenas, gritaban, balazos que seguían avanzando.

Salí del lado de la Iglesia de Tacuba, vivía cerca del metro, corrí hacia Avenida Marina Nacional, mi amiga Mijolina tenía turno matutino, vivía en una vecindad, se encontraba cerrada, mi casa más cerca cuatro cuadras adelante, quería resguardarme. De todos lados, se oían gritos y balazos, lo recuerdo bien. Entre la puerta de entrada de la vecindad, donde vivía mi amiga, había un escalón, en ese hueco me hice bola y me resguarde de rodillas y agachada, me veía creo, como una bola blanca en un hoyo.

Alguien me tocó de la espalda, diciendo mi nombre varias veces, volteé hacia arriba, me dijo Paty vámonos, yo te llevo a tu casa, era increíble que Ricardo mi primo, que estudiaba medicina en Politécnico Nacional, también huía, vestía uniforme blanco y bata de médico, fue escuchar mi nombre un alivio, alguien me quería ayudar, fue una lotería que me hubiera encontrado, yo estaba agachada, sólo el cabello largo y chino se veía.

Me dio la mano para ayudarme a levantar y me llevo a casa, tocamos, abrieron y se despidió. Entré a casa pero antes vi a mi primo, dirigirse a Marina Nacional, yo creo que a tomar el camión, que lo dejaba a una calle de su casa. Fue una experiencia muy triste y no se olvida, no debió de haber pasado y no se tiene por qué repetir.

Mujer, mujer. Frephotos en PixaBAY, 2020.

Para ti mi querido Sol

Katia

Hola, buenas tardes señorita:

Hoy el cielo se ha tornado gris. No dejo de añorar los rayos del Sol que me alimentan para florecer…

¿No recuerdas quién soy?

Soy un bello girasol.

Tan fácil en brotar y de marchitar, extraño ese color naranja intenso que me bronceaba y humectaba el ser al tocarme, que me alimentó y mantuvo feliz.

Al enamorarme me di cuenta: lo bello puede nacer de mí. Tallo verde, delgado, hermosas hojas, pétalos grandes y amarillos, seres vivos vienen en busca de mi para subsistir…

Usted, hermosa Sol, se ha volteado y me ha dejado sin sus rayos de oro… Mis pétalos han caído y me he marchitado, siento que me convierto en un cactus con espinas, grueso y arisco, nadie se acerca. Con lo poco que tengo a mi alrededor me mantengo fuerte.

Nadie se acerca, solitario…. solitaria, soledad es lo único que me acompaña.

El cielo oscurece y no sabes cómo me debilito… Cuando cae la noche, literal, me siento muerta, muerta sin tu amor, sin tu calor, simplemente no puedo continuar.

Soy cenizas, cenizas donde ya nada puede arder, el viento se lleva cada parte de mí. Nada queda, absolutamente nada.

Fui un monstruo, uno grande disfrazado de flor, de esas que giran como si flotaran en el viento, de esas que caen y no agrietan la tierra, sin ruido… me enamoré del sol, tanto que quise ocultarlo para que nadie más lo viera, tocara o incluso imaginara… pensé en mí. No sabía que vivir tanto en la noche me convertiría en un ser incoloro, sin forma, un enfermo enojo….

El sol se marchó de mi sistema, y ahora… sollozo, añoro y también pido a gritos que vuelva. El silencio es mi calma y mi muerte… una cárcel que yo sola construí por mi pendejez. Simplemente, el infierno se queda corto con este incesante sufrimiento…

Si me lees bonita señorita, de vez en cuando multicolor, vestida de luz incandescente, cuerpo de oro, labios sabor a miel…

Suplico, regresa a mí y calma este dolor.

Me levanto por la mañana y mi primer pensamiento eres tú, un golpe agridulce a mi día. Me invaden pensamientos de nostalgia en donde recuerdo las frases que no supe valorar… mi Katy, mi Katito, mi cielo, mi girasolito, tu todo….

Aún no puedo creer que de mi vida te hayas ido, aún me cuesta aceptar que ya no quieres regresar. Me cuesta ver mi vida sin tesoros de luz, desbordando por las ventanas, sin lo más esencial, sin tu calor.

“Todo me gusta de ti, menos que no estés conmigo” (Rizo)

Jamás podrás observar los pequeños cristales que caen de estrellas rojas, gritos amargos silenciosos desbordados de cascadas gigantes y turbias.

Esa máquina floral indispensable e indestructible se derrite como nieve en verano. Terremotos sacuden cada rincón y convierten en polvo su alrededor. La desesperación y ansiedad invade volviendo loca a quien la padezca….

Lo que debería de vivir, sobrevive para vivir. La flor dispuesta a todo, decide emprender el viaje amargo, tortuoso, dice que el éxito es de quien gusta de alcanzarlo, pero antes de emprenderlo, deja su capa de orgullo, la espada de enojo, el escudo ego, y su armadura hecha de espinas que solo traen consigo fracasos… Decide arriesgarse por todo lo que un día perdió y ahora quiere recuperar, recuperar sin armadura, solo usará su cuerpo blando, frágil, vulnerable para demostrar que se puede volver a comenzar.
No importa cuánto queme, arda, duela el sol…

¿Que si me duele la vida?

Me duele respirar

Mural de Zue. Rubí Quintana, 2019.

Me duele mirar

Me duele tocar

Me duele cada paso que doy

Me duele sonreír

Me duele llorar

Me duele pensar

Me duele dormir

Me duele despertar

Me duele aceptar que ya no volverás

Claro, me duele mi vida… mi vida eres tú.

Katy E. Garibo Cervantes, nací en Ixtapa-Zihuatanejo, tengo 28 años, soy licenciada en Ciencias del Deporte y, actualmente profesora de educación física. Amo coleccionar y cuidar de mis cactus, adoro tocar el ukelele para cantar con el corazón, amo las sandalias y tostarme bajo el sol. Me gusta escribir con el corazón mientras se me desgarra el alma para crear arte.

BÚSQUEDAS

Expedicionarios, Felipe Mora, 2020.

Por las orillas de la rompiente

Esmeralda Mora Luviano

Primer coro:

Como una danzante acalambrada

como una nadadora entumecida

como una cantante amordazada

sirena fracturada

así escribo hoy

sobre estas páginas

UMBRAL

Antes, mucho antes, dicen que fuimos polvo de estrellas. ¿En qué recóndita parte de la memoria tendremos registrada aquella experiencia de navegar por el universo infinito? Mi recuerdo más remoto me hace intuir que vengo de alguna descomunal explosión. Por las ranuras de esta sólida concha, llega hasta mi oído, el melodioso registro de un devenir cósmico. Un óvulo primitivo abre compuertas y hospeda en su núcleo la primera pulsión de vitalidad.

¿Es el océano un subconsciente hechizo en busca del vientre perdido?

ALUMBRAMIENTO

Inhalo y exhalo como oleaje hasta romper la fuente. Expulso entre gemidos, sangre y sudores un cuerpo húmedo. Un otro cuerpo. ¿Tiene sentido ponerse a reflexionar sobre las consecuencias futuras de aquel brusco e incómodo desprendimiento?

Segundo coro:

Traigo

un caracol

incrustado en el pecho

que me pide en silencio

la primera canción de cuna

SÍLFIDE

Mientras camino por los guijarros húmedos que va dejando el mar;

mientras rodeada de agua giro extasiada al compás del planeta

mientras oigo en resaca, su furia y bramido

mientras voy poco a poco jugando a ser sílfide

le llega a mi corazón esta certeza:

tu divino santuario será siempre el mar

Rompiente, Esmeralda Mora, 2020

Los ojos del mar o el deseo de un personaje de Baricco

Sofía Alvarado Cortés

Decir el mar. Porque es lo único que nos queda.

Porque frente a él, los que no tenemos cruces,

ni viejos, ni magia, tenemos que tener algún tipo

dearma, lo que sea, para no morir en silencio

Alessandro Baricco

Salió azul, llenos de agua los pulmones. La sal se le enroscaba por dentro, en espiral por la sangre. No quería morir. El sol se venía abajo. Las palabras, sumergidas en agua marina. El mar ya no era el paraíso. Recordó: El amor es el mal. Parecía que el Pacífico estaba adormecido, pero el mar es un animal que asecha con colmillos de espuma, que hunde el diente y desgarra la presa con zarpas de polvo. El mar es un molusco que baila. Un sueño que se tambalea de tan grande. Una mujer contorneándose en un orgasmo. Un espejo. El mar es la multiplicación interminable de monstruos. Es un calamar gigante que ruge.

Miraba el cielo, ya no se sabía qué pensaba, pero lo último lo dijo en voz alta: le he visto los ojos al mar.

La mujer se inclinó, caminó con parsimonia hacia las olas y desapareció.

Mar, en PixaBAY, 2020

DESMESURA DE LAS VOCES Y LOS VIAJES

Rosario Castellanos

Zulema Gelover Reyes

«Una niña regresa, escarbando, al lugar

en el que la partera depositó su ombligo.

Regresa al sitio de los que vivieron»

Rosario Castellanos, Malinche (1972 p. 205)

Justo a la mitad del siglo XX, Rosario Castellanos Figueroa regresa de España después de una beca de especialización en Estética por la Universidad Complutense de Madrid. Tras haber obtenido el título como Maestra en Filosofía por la Máxima Casa de Estudios (la primera mujer en México con ese grado) y, antes de empezar su carrera como profesora, periodista y feminista, vuelve a Chiapas para no claudicar al amor romántico y arrancar su producción poética, narrativa y ensayística más sólida, después de Trayectorias del Polvo (1948), De la vigilia estéril (1950) y El rescate del mundo (1952).

Ahí, en Comitán su lugar de crianza -más no de origen, por que nació en la Ciudad de México el 25 de mayo de 1925- descubrió que a pesar de los ideales de justicia y libertad del régimen liberal, para los campesinos de Chiapas y de todo el país, los comienzos de siglo postrevolucionario fueron un periodo especialmente adverso: el racismo, la explotación y la opresión determinaron las relaciones y las desigualdades estructurales que marcarían al Sureste mexicano, las concepciones de criollos y mestizos sobre los indígenas y hacia las mujeres (Olivera, 2005), así como el interés narrativo de Castellanos.

Esos fueron sus primeros temas, la segregación política y económica versus la organización comunitaria y resistencia mítica de los habitantes de Chajtajal, San Cristóbal de las Casas, y San Juan Chamula en Balún Canán (1957), Ciudad Real (1960) y Oficio de Tinieblas (1962), respectivamente. Durante su estancia en Chiapas impartió clases en la Facultad de Leyes. Fue directora de Teatro Guiñol en el Centro Coordinador Tzetal–Tzotzil del Instituto Nacional Indigenista en San Cristóbal. De manera casi paralela en “una carta fechada en 1966, cuando Rosario Castellanos ya había escrito y publicado la trilogía “indigenista” más importante de la literatura mexicana, además del libro de cuentos Los convidados de agosto (1964) y ocho poemarios” (Fernández, 2007 p.82) se preguntaba si era o no escritora. En 1961 recibió el premio Javier Villaurrutia y ya había tenido dos becas como tal: la del Centro Mexicano de Escritores en México y la Rockefeller, en Estados Unidos. Sin embargo, el contexto en el que se desarrolló su carrera intelectual era profundamente masculino en el mejor de los casos y machista en el peor, eso le hacía dudar de sus excepcionales habilidades analíticas, epistémicas y, sobre todo, poéticas Materia memorable (1969).

Fuente. PAINTEREST, 2020.

En la facultad leyó a los clásicos griegos (Sócrates, Aristóteles, Platón), ingleses (Comte, Hume, Locke) alemanes (Leibnitz, Shopenhahuer, Hegel, Marx, Stuart Mill) y franceses (Descartes, Bergson, Sartre). Despúes además a las feministas modernas (Beauvoir y Friedman); en Literatura comienza por Gabriela Mistral, Jorge Guillén, Wal Wittman, Emily Dickinson (a quien tradujo igual que a Paul Claudel y a Saint John Perse) Enza Pound y T.S. Eliot, a Virginia Wolf y a Doris Lessing; tras una larga convalecencia de Tuberculosis disfruta a Tolstoi, Proust, Mann. Lee más creación masculina y eso le ocupa. Observa que la producción literaria y filosófica tiene un desequilibrio con respecto a lo femenino; es por ello que se reta a escribir y a pensar. Sus obras influenciaron a Elena Poniatowska, Dolores Castro, Sabina Berman, Aurora Ocampo, Rosa Beltrán, Mónica Mansur, Elva Macías, Auora Oliva, Ángeles Mastreta, María Roselia Jiménez, Adriana López, Enriqueta Núñez, Mikeas Sánchez y a una buena parte de feministas contemporáneas (Gabriela Cano, Andrea Reyes, Elena Guichins) que reconocen en sus textos la fuerza argumentativa e irónica contra el Patriarcado. Por ejemplo, critica la poca presencia o falta de autoridad intelectual de las mujeres dentro de los espacios académicos y en la opinión pública, observaba también una desigualdad de ingresos con respecto a los varones que se dedicaban a una actividad profesional y, obviamente veía en el matrimonio y específicamente en la familia, cuna de la sociedad mexicana, una opresión inmensa sobre los cuerpos mujeriles, sobre sus ideas, sobre su libertad de educación, expresión y tránsito, así como sobre su trabajo doméstico, no remunerado. Reconoce que hay un sexismo estructural en la vida cotidiana, pues la autoridad varonil se manifiesta en todas sus figuras (padre, hermano, cónyuge, sacerdote, Estado, show). Así, desde 1963 hasta 1974 se consuma como editorialista de Excélsior, a razón de un texto por semana y, entre sus crónicas (y lecturas de Isak Dinesen, Natalia Ginzburg, Simone Weil, Ulalume González, María Luisa Mendoza, María Luisa Bombal, Clarice Lispector, Silvina Ocampo) y sus artículos inteligentes, revierte el efecto de la modernidad, la vanidad superflua y la violencia simbólica sobre las mujeres.

“¿Quién es tu peor enemigo? El de tu oficio, dice el refrán. Y el oficio de mujer en México, que quizás es uno de los más duros, cuando ha pretendido un equilibrio mayor de las relaciones entre los sexos, ha encontrado la resistencia más enconada, no entre los hombres, sino entre las mismas mujeres. Ellas, aun las emancipadas, las creadoras, no aprovechan sus medios de expresión para una rebeldía franca sino apenas para un débil gemido, cuando no para predicar la abnegación, la humildad y la paciencia. Todavía los “hombres necios que acusáis” de Sor Juana sigue siendo nuestra protesta más audaz. Habría que preguntarse por qué el feminismo, que en tantos otros países ha tenido sus mártires y sus muy respetadas teóricas, en México no ha pasado de una actitud larvaria y vergonzante. ¿Es masoquismo? ¿Es temor al ridículo?”

(Castellanos en Reyes, 2004 p.250)

Entre 1962 y 1971, impartió clases de literatura comparada, novela contemporánea y seminario de crónica, fue directora general de Información y Prensa de la UNAM (1960–1966). De 1966 a 1967 fue invitada a dar clases en las universidades de Wisconsin y Bloomington, experiencias que quedaron registradas en el discurso epistolar a Ricardo Guerra, su marido y de quien se divorció tras 13 años de unión y un hijo, Gabriel. Álbum de familia (1971), Mujer que sabe latín (1973), El mar y sus pescaditos (1975) y El eterno femenino (1975) no dejan escapar esta dimensión política de lo personal, en el que su experiencia propia, la desnudez de su dolor por las muertes y las pérdidas de infancia, por la incomprensión de su madre y padre sobre su naturaleza curiosa y avispada, su aguda inconformidad por las injusticias sociales (de género, clase, de etnia, genocidas tras los movimientos estudiantiles) y su ideas sobre la maternidad, la historia, los sueños y lo que imagina también se conjuntan en Poesía no eres tú (1972) en donde la inteligencia, la frugalidad estética y la evolución de la composición analógica a cierto realismo crítico, se manifiestan; pero de ella hablaremos en otro momento… Muere en Tel Aviv por un accidente doméstico el 7 de agosto de 1974 a los 49 años, con un legado enorme filosófico, poético y universal.

Obras que no se mencionan en el texto

Apuntes para una declaración de fe (1948)

Dos poemas (1950)

Presentación al templo: poemas (Madrid, 1951)

Poemas (1953-1955)

Teatro Petul (1957)

Al pie de la letra (1959)

Salomé y Judith: poemas dramáticos (1959)

Lívida luz (1960)

Juicios sumarios (1960-1965/1966)

La novela mexicana contemporánea (1966)

La muerte del tigre (1981)

Dos caras y mi rostro (1983)

Cuentos de San Cristóbal (1994)

Cartas a Ricardo (1994)

Rito de iniciación (1997)

En un país remoto (1999)

Mujer se palabras: artículos rescatados de Rosario Castellanos (2004)

Sobre cultura femenina (2005)

¿Y cuál es mi lugar señor, entre tus actos? El drama de Rosario Castellanos (2017)

FUENTES

Amador, D. (2006). “ Las grandes calumnias no se hacen sin fundamento. Ironía y extrañamiento en El eterno femenino de Rosario Castellanos ”. En R. Zamudio, Luz Elena y Margarita Tapia Arizmendi (eds.), Rosario Castellanos. De Comitán a Jerusalén. México: ITESM-Campus Toluca, FONCA-CONACULTA, UAEM, Bonobos Editores.

Cano, G. (1992). “ Rosario Castellanos: entre preguntas estúpidas y virtudes locas ”. En Debate Feminista, 6, septiembre: 253-259.

Cano, G. (2012). “Sobre cultura femenina de Rosario Castellanos ”. En Rosario Castellanos, Sobre cultura femenina. México: FCE.

Castellanos R. (1972) Poesía no eres tú, México: FCE.

____________ (1957) Balún Canan, México: FCE.

____________ (1973) Mujer que sabe latín. México: FCE.

Cuneo, Ana María. (2005). DESDE LAS VOCES DE LA TRADICIÓN AL ENCUENTRO CON LA PROPIA VOZ: EL VIAJE DE LA ESCRITURA POÉTICA DE ROSARIO CASTELLANOS. Revista chilena de literatura, (66), 29-46. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-22952005000100002

Lamas, Marta. (2017). Rosario Castellanos, feminista a partir de sus propias palabras. LiminaR, 15(2), 35-47. https://doi.org/10.2536/liminar.v15i2.528

Megged, N. (1984). Rosario Castellanos. Un largo camino a la ironía. México: COLMEX.

Mejía, E. (1998). “Rosario Castellanos, la voz del extranjero ”, prólogo al t. II de Obras (poesía, teatro y ensayo). México: FCE.

Olivera, M. y Ma. Dolores Palomo (2005) Chiapas: De la independencia a la Revolución, Publicaciones de la Casa Chata, México: CIESAS

Reyes, A. H. (2004) Mujer de palabras. Artículos rescatados de Rosario Castellanos, t. II, México: CONACULTA.