
MUJERES Y NO VIOLENCIA
¿CÓMO EXPRESAMOS LA PAZ?
ANCESTRAS EXPERIENCIAS ZANKAS DE AMORES ROMÁNTICOS Y NO ROMÁNTICOS TAMBIÉN BÚSQUEDAS DESMESURA DE LAS VOCES Y LOS VIAJES
diciembre 2019 – febrero 2020 no.2
Foto. Mural Iris Serrano. ValenciaExtra2017
¡Bienvenidas!

ESPERAMOS QUE SIGAN DISFRUTANDO DE LOS TEXTOS Y LAS FOTOS QUE SUBIMOS POR ACÁ. ESTA VEZ LA REVISTA ESTÁ DE CELEBRACIÓN CON EL ARRIBO DE DOS NUEVAS SECCIONES, UNA RELACIONADA CON LOS CAMBIOS Y LUGARES QUE A VECES NO ENCONTRAMOS EN NUESTRO CAMINO, LAS DUDAS, LOS MIEDOS, LA PARÁLISIS… SE LLAMA BÚSQUEDAS OJALÁ SE LLENE CON LAS SUYAS ¿QUÉ NO ENCUENTRAS? ¿LA VOZ, LA VALENTÍA, LA IDENTIDAD, LA FUERZA, AL AMOR, A LA MADRE, LAS RESPUESTAS, AL HIJO? DALE, TAMBIÉN BUSCAMOS LO NUESTRO Y CONTIGO. LA OTRA SECCIÓN ES PARA ACERCAR A ARTISTAS QUE HAN ESTADO EN LOS SURES MEXICANOS, ESTOS SURES TAN LLENOS DE SELVAS, MARES, IGUANAS Y PALMAS. LA QUE INAUGURA ES ESPAÑOLA Y HACE DE SUS ILUSTRACIONES UN VAIVÉN COMO EL DE MUCHAS POETAS, ARQUITECTAS, BAILARINAS, A LAS QUE HABREMOS DE CONOCER. LA SECCIÓN: DESMESURA DE LAS VOCES Y LOS VIAJES. GRACIAS TOTALES A LAS DEMÁS ARTISTAS QUE VENDRÁN A CONTARNOS CÓMO ES SER ELLAS Y NOSOTRAS. GRACIAS A LAS ESCRITORAS Y FOTÓGRAFAS: JAQUELINE GARCÍA SALAMANCA, SOFÍA ALVARADO CORTÉS, ZULEMA GELOVER REYES, ANA KRYSTEL PÉREZ FLORES, ARTISTAS PLÁSTICAS: IRIS SERRANO, A USTEDES GRACIAS INFINITAS POR SEGUIRNOS LEYENDO.
Les recordamos que pueden enviar sus textos, fotos, videos y audios a esta dirección: yosoynosotras@gmail.com encontrarán las bases al final de la página.

ANCESTRAS
¿Se puede ser Malamadre en Zihuatanejo, Guerrero?
Zulema Gelover Reyes
Es sendero que las manos sabe seguir
Mónica Vicuña
Día 0
Llegamos tras 23 horas de travesía hasta el sur, 42 mujeres (y 3 hombres) llenas de dudas, expectativas, sentimientos, experiencias, de diferentes edades, profesiones y latitudes. Recordé cuando viajamos juntos de San Cristóbal a Palenque en la madrugada. Nos robaron la cámara mientras dormíamos. Llegamos a las 9 a.m. a la cabecera. Me asusté mucho. Llamé a la gerente, a atención a clientes, a David. Y tú con tus ojos de universo silencioso te quedaste a cuidar las mochilas y sin decir nada, temiste también. Desde la oficina te miré, había olvidado lo más importante: estábamos juntos, estábamos bien. Corrí a abrazarte y tras un largo choque de corazones apretados, decidimos retomar el tour y dejar los trámites para el próximo turista asaltado. En Chiapas, según el CONEVAL (2018) el 76.4% de la población vive en situación de pobreza.
Día 1
Compartimos el viaje una amiga “vieja”, una amiga “nueva” y una hermana astral que ya nos esperaba en el Caracol [1] Morelia. Armamos la tienda de campaña, luego fuimos por café y pan. Se respiraba la calma del fogón milenario, más mujeres sonrientes llegando, buscándose tras el 1er Encuentro en 2018, sus avances y retos. Textiles, aretes, bolsas, botas, pasamontañas, calcomanías y paliacates estaban en venta, fruta, elotes y anuncios en el micrófono. Más de 100 baños y regaderas dispuestas para nosotras, 8 comedores, áreas techadas que se usaban como dormitorios, un auditorio central y un patio en el que días después marcharíamos, bailaríamos, lloraríamos, lucharíamos, jugaríamos y creceríamos mujeres, muchas mujeres. Los medios dicen que fuimos como 4000, eso es ambiguo, es decir, si se hicieran cálculos prácticos y de recursos se darían cuenta que fuimos más. Hasta las que no estaban ahí, estaban. Intenté comunicarme contigo, no te extrañaba pero ya quería compartirte todo: las montañas de distintos verdes, el sonido de los bichitos, el cielo majestuosamente estrellado, pero no había manera suficiente a pesar de notar un letrero en una colina que decía “Aquí hay señal”.
En primer orden estuvo la Comandanta Amanda con sus palabras hermosas, sencillas, poderosas, de resistencia: “Nos queremos vivas, nos queremos fuertes (…) acompañamos su demanda de verdad y de justicia” “Vayamos a defender nuestra vida con las uñas y con los dientes” “Aquí sí se castiga a los hombres que pegan a sus mujeres, no como en los malos gobiernos, aquí no ha habido feminicidios, en los Caracoles”. Después de la presentación festiva, artística y política de las milicianas zapatistas y de las mujeres de los otros caracoles, nos convocaron a tomar la palabra y a hacer las denuncias de nuestras tristezas e indignaciones. Empezaron los testimonios de mujeres violadas y/o violentadas por sus parejas, sus padres, abuelos, tíos y hermanos, por sus compañeros de trabajo, de escuela, por sacerdotes, maestros, jefes y líderes, por las instituciones. Historias de madres lidiando con los feminicidios impunes de sus hijas y los alcances legales y comunitarios de sus luchas: la ley Olimpia, la ley de investigación de homicidios o suicidios con rastros de violencia de género, etcétera. Una tras otra experiencia de dolor e injusticia fue atendida por el silencio de mujeres que escuchábamos, abrazábamos y finalmente respondíamos ¡No estás sola, no estás sola! ¿El cobijo colectivo es suficiente? ¿Inexorables las sesiones de terapia feminista? ¿Demandas postergadas por el desuso efectivo de la ley y jueces corruptos que dictan sentencias? Sí, para muchas sí, pero por esa noche para todas, después de la escucha y el llanto, mucho llanto, Denunciarlo fue suficiente, agotador. Nos fuimos con a dormir. Antes de cerrar los ojos te envié un deseo: que esta violencia no te toque, que tú cuides de ti, a las mujeres, disidencias y hombres que te rodean, que les hagas sentir paz y que ayudes a construirla.
Día 2
Me desperté todavía con suspiros de tristeza y pesadez, hubo frío y tuve que atravesar todo el campamento de madrugada para ir al baño. ¿Sabes qué extraña sensación es No tener miedo en la noche, en la oscuridad, a intemperie, en un lugar distinto a la casa? Las zapatistas nunca dejaron de montar guardia, me sentí segura. Empecé a echarte de menos, quería compartirte esa ambivalente tranquilidad local e inquietud por todo lo que vendría cuando se terminara, es decir, cuando comenzara el riesgo de estar “afuera”. Mientras tanto, la leña ancestral se quemaba ya en las cocinas, las mujeres anfitrionas durmieron sólo tres horas el día que llegamos, en el segundo dijeron “dormimos un poquito más, para atenderlas”.
Desde las ocho de la mañana zapatista, siete “zapatrás” (o sea horario de verano) ya había sesiones de defensa personal, yoga, danzas interétnicas y varias carpas ocupadas por conversatorios y videos que abordaban distintas temáticas: Salud alternativa y autocuidado, Violencia patriarcal, Mujeres viajeras y migrantes, Seguridad y denuncia en las Universidades, Acceso a la justicia y acompañamiento legal de víctimas, Defensa del Territorio, Bordadoras y redes de mujeres, Partería y derechos sexuales, Debate abolicionista y prostitución, Danza para la defensa y la denuncia, Retos de las mujeres Afrodescendientes, Rap, Perreo y corporalidades, Maternidades disidentes, entre otras muchas temáticas que no pude seguir porque se realizaban de manera simultánea. Me detendré en esta última pues es la que hoy me ocupa.
¿Cómo tumbar el sistema patriarcal desde la maternidad? ¿Cómo ser madre y feminista? ¿Cómo romper con la figura de la madre abnegada y todo poderosa? Esas fueron algunas de las preguntas que guiaron nuestras reflexiones en el círculo de discusión. Hubo distintas posiciones, pues todas las madres que estábamos ahí éramos distintas y esa fue la primera conclusión contundente: nuestras formas de maternar son diversas, depende de nuestros contextos, posibilidades económicas, etarias, educativas, culturales y desde ahí podríamos hablar de derechos y organizaciones propias que puedan cambiar o mejorar las situaciones de los y las hij@s, las mujeres-madres y en general de las familias. El diálogo también me llevó al análisis situacional de las madres jóvenes y no tan jóvenes que carecen de recursos para los gastos de posparto y crianza ¿será posible una colectivización de las prácticas, del financiamiento y la gestión de insumos para la alimentación, la limpieza y hasta para la co-lactancia? Es decir, para que algunas madres puedan desarrollar y/o descubrir sus habilidades de cuidado y crianza se necesita organización y colaboración, podrían también juntas e informadas, encontrar maneras de hacerse de recursos legales, que demanden responsabilidades materiales y presenciales al padre, o en el plano laboral, exigir tiempo específico con sus crías sin pérdida de sueldo, tiempo formativo y recreativo para ellas, incluso diseñar estrategias autogestivas en las que aprovechen sus habilidades para obtener remuneración.
Por otro lado, se cuestionaron los mandatos de la religión, de la sociedad, de la ciencia que ha defendido la maternidad como un instinto, como un mandato inexorable de todas, absolutamente todas las mujeres. En Zihuatanejo no sorprende el número de madres que trabajan para incorporar ingresos a su hogar, en algunos casos superiores a los de los padres (en cualquier estrato social). Lo más sorprendente aún es que a pesar de esta incorporación al mercado laboral, hay una mayoría femenina abrumadora en las reuniones escolares, en el cuidado hospitalario, en las charlas sobre alimentación, seguimiento y traslado de las infancias, cuando hay que hacer trabajo de limpieza o artístico, me pregunto ¿y los papás? Algunos se defenderán: “es que a mí no me dan permiso en el trabajo” “vivo muy lejos” “viajo” “tengo otra familia” “no puedo, eso es para mujeres” ¿Será esa la razón por la que ellos sí ocupan puestos directivos o públicos, ganan más y no sienten culpa cuando abandonan a sus crías? Mientras tanto, las mamás que están cansadas, trabajan, crían y vuelven a trabajar: desesperadas, deprimidas porque tienen muchas cosas que hacer y ya no saben cuándo y cómo hacerlas o aún haciéndolas se les exige que lo hagan “bien” y, si no lo hacen, cae sobre ellas un estigma: son Malasmadres.

¿Qué es eso? Tú dirás, bueno en latitudes menos difíciles, social y económicamente hablando: Francia, Canadá, España, Colombia (Romero, 2019) hubo ya una serie de iniciativas de mujeres que habían crecido en el feminismo de la segunda ola (el que defendía el uso de la píldora anticonceptiva así como la legalización del aborto) y desde dicho feminismo cuestionaron el mandato divino, familiar y moral de renunciar a todo lo que las mujeres eran, para volcarse en la maternidad. Esto trajo rechazos y múltiples interpretaciones de, por ejemplo, mujeres que eran políticamente incorrectas y decidían no lactar o lactar en cualquier espacio público, o decidían “exponer” a los bebés en marchas para exigir el cese de la discriminación laboral por maternidad, desafiar a los maridos dejándolos porque les violentaban y así como ellas, otras mujeres tomaron también el estandarte de “malamadres” rebelándose al mandato.
Esto, dicen algunos jueces reaccionarios, puso a las y los hijos en situaciones de ausentismo maternal provocándoles consecuencias emocionales y sociales críticas y yo me pregunto ¿y el ausentismo paternal, qué? Bueno eso no importa dicen los jueces, el hombre es así, se va. Dichos juicios las colocó en una desventaja moral: la CULPA es de las Malasmadres que “el hogar se desmoronara” o “que el hijo caiga en depresión” o “que la hija salga embarazada” y yo seguía con mis preguntas: ¿y dónde está la responsabilidad del padre? ¿y dónde está el Estado que regula con justicia la licencia materna y paterna para poder combinar la crianza con el desarrollo personal femenino? ¿dónde están las otras mujeres, más aún las feministas que en sus radicalismos no han podido acompañar a sus congéneres que sí han elegido la maternidad, pero no saben cómo vincularla con algunos preceptos del movimiento?
Y entonces ahí entre las montañas verdes y brumosas de Altamirano, me quedé pensando en mi propia Maternidad y tu Hijidad, es decir, un camino por el que una cría entre llantos e incertidumbres nació después de la separación definitiva de una pareja, cuyo miembro o compañero de vida no estaba listo para ser papá. La tristeza, la culpa y los mandatos patriarcales llegaron con mi embarazo. En dónde parir, cómo parir, por qué decidir haberme “arriesgado” con una partera y no en un “seguro” hospital para el seguimiento de tu salud y el puerperio, cómo mantenerte caliente e inmóvil o adaptándote libre con tus manitas y pies expuestos al mundo; trabajar o no trabajar como asalariada, hasta cuándo lactar; dejarte en completa exploración para que tocaras, chuparas y te “ensuciaras” o mantenerte inmaculado, que te vacunaras o no, que te bautizaran o no, darte nalgadas o no, dejarte llorar o no, que durmieras conmigo o no, que vieras a tu padre o no, que me olvide de mí y que por mi maternidad en soltería haya un castigo: la domesticidad y el espacio privado.
El apoyo de mi familia de origen fue relativo a ese mandato, no digo que no fueran amorosos y preocupados por nosotros pero la cultura aprendida era más fuerte, el patriarcado feroz en algunas valoraciones, ideas o prácticas en mi madre, padre y hermano. Yo no tenía suficiente estabilidad emocional y económica. Había pocas negociaciones y muchos conflictos. Huí. Mi maternidad sería mía o no sería (más difícil, más austera, más experimental, pero mía) y ahí sí que el feminismo me orientó para soltar a la figura masculina primero (no se necesita un padre para ser familia), luego para ejercer mi profesión, mi libertad, mi sexualidad sin mezclarla con la “función” maternal. Experimentar, equivocarme, sanar, crecer. Y sobre estas decisiones, no es que haya tomado un curso feminista o leído un texto o que haya platicado con una madre feminista específica, leí un poco sí a varias compas, escuché mi voz, a mi corazón y el tuyo, nuestro bienestar.
Paso uno, justo sabía que los recursos materiales en corresponsabilidad con tu padre eran necesarios, demanda por pensión alimenticia; paso dos, conservar mi libertad económica y geográfica: un empleo de medio tiempo, negociación con la abuela y otra mujer que apoyaran a mi profesionalización también. Me permití un apoyo familiar condicionado, sí a esta sugerencia pero no a aquélla, yo decido y también la cría. Te cuento que todo ha sido muy, muy difícil, lento pero sano. Trato pues de criarte como un hijo amoroso, sin machismo ni violencia, sin censura y con autoregulación, que cuide de mí tanto como yo de ti, que seas un ser autónomo, que pueda llorar, expresarse, que valores mi maternidad, y por supuesto a ti mismo. No sé si lograré que seas feminista algún día, sé que nos falta mucho, mucho por aprender juntes y compartir con otras no madres y madres, padres y no padres, nenas y nenes distintos sobre cómo hacer un espacio en el que ser Buenamadre no esté relacionado con la abnegación, el matrimonio, la domesticidad, la familia biparental o heteronormativa, porque entonces sí que soy Malamadre, una que sabe que cada práctica cotidiana es un acto político, una que decide cambiar o romper estructuras de a poco, aunque no siempre pueda hacerlo de inmediato, una que pide ayuda a otras mujeres cuando no sabe qué hacer con la maternidad o la crianza y que dice: estoy cansada, me merezco unas vacaciones, hoy no seré madre, no quiero; y luego regresa con más ánimos y esperanza a construir “un mundo en el que quepan muchos mundos”. Una Malamadre que protesta cuando te dejan sin recreo o con miles de horas de tarea, que defiende tu opinión sobre un dios en el que no crees y el niñismo en las fiestas familiares y entre conocidos, que te pide disculpas si te hizo sentir mal pero que también espera lo mismo si lastimas, una que te pide que nunca, nunca recurras a la violencia, pero que te defiendas, que laves trastes, tiendas tu cama, que te enseña danza y sabe que todo eso no te hace menos masculino por cierto ¿pero qué es la masculinidad?
Día 3
Previo a la clausura hubo una riqueza de propuestas artísticas, deportivas, políticas y de organización, sí se tejieron más aprendizajes y redes. Hagamos tribu dijeron todas. En una de las propuestas escénicas se cuestionaron muchas prácticas que violentan a las mujeres, por ejemplo, desde la obligación social a casarse a cierta edad, con ciertos géneros, con ciertos tipos de hombre, hasta visibilizar que la única opción alterna para las niñas de Tenancingo, Tlaxcala es la prostitución. Los cantos, las películas y los cortometrajes sobre las violencias y sus efectos siguieron arrancando llantos y denuncias, así se intercalaron el micrófono mujeres que tenían mucho que decir, dar cuenta del hacer o invitar a colectivizarnos. Las performances multitudinarias, las raperas y cumbieras espontáneas, el encuentro con la ternura y sabiduría de Marichuy (la excandidata al gobierno federal) y el diálogo con otras mujeres zapatistas y no zapatistas fue increíble, esperanzador para mí y espero, cuando te cuente todo, que para ti también. Todas me dejaron muchos aprendizajes y retos. Sí se puede ser Malamadre en Zihuatanejo, una que explore y quiera aprender cómo se vive la maternidad no hegemónica con la maternidad tradicional, otra crianza es posible. De la paternidad ya hablaremos.
Fuentes
Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) https://www.coneval.org.mx/coordinacion/entidades/Chiapas/Paginas/carencias-sociales20102015.aspx fecha de consulta 15/01/20
Romero, María (2019) Maternidades feministas, Utopías posibles. Universidad Autónoma de Aguas Calientes, México.
Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan (2019), Semillero huellas del caminar de la Comandanta Ramona, 26-29 de Diciembre, Caracol Morelia EZLN, Altamirano, Chiapas.
[1] *En 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levantó en contra del gobierno de Carlos Salinas de Gortari y del sistema neoliberal en México: racismo, ignorancia y violencia recibieron las poblaciones indígenas simpatizantes del zapatismo en Chiapas, de manera que se congregaron en Territorios Autónomos (llamados Aguascalientes y luego Caracoles) porque buscaban una organización horizontal, comunitaria, equitativa para sus integrantes y sabían que tenían que hacerlo desde adentro, desde la historia, desde sus razones, sin ayuda del Estado que los mataba y los reprimía. 26 años han sido de lucha por sus recursos, formas de gobierno, cambios culturales, por las mujeres y la sociedades, el II Encuentro Semillero Huellas de la Comandanta Ramona fue, entre otras muchas experiencias, resultado de dicha lucha.

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Zulema Gelover Reyes. Investigadora, escritora, profesora, editora y coordinadora – tallerista de Casa Común. Hacedora de filosofía, antropología y narrativa breve. Nado entre nubes, algas y tortugas, me cobijé en la mar, la literatura, el cine y la danza. Soy guerrera creadora y hermana de otras luces, compañera de camino.

EXPERIENCIAS ZANKAS
Experiencia zanca con el agua
Esmeralda Mora Luviano
I
Cuando el reloj avanzaba hacia mis cinco años, el encuentro con la natación no me hizo apropiarme del verbo competir. En el principio fue mantenerme a flote. Evitar hundirme convirtiendo en pequeñas aletas las manos y los pies. Sobrevivir. Vencer uno de mis tantos miedos. No mucho tiempo después llegó el diestro juego: sentirme cercana al marinero y al delfín; cercana a una parvada de buzos o de peces que se desplazan bajo el agua, libres y ligeros.
II
Se llama Anastasia. Vive aún y le decimos de cariño “Tacha”. Ella fue cuando niños nuestra nana, aunque en casa nunca se dijo ni se escuchó esa palabra. No sé todavía cómo se pueda nombrar a la persona que es como un tercer hombro y un segundo corazón. En los días esos en que el sol se hacía cómplice, ella se convertía de repente en exigente maestra de natación; de esas que sin decir “ni agua va” sueltan al alumno al estanque y mandan a volar lejos, muy lejos cualquier miedo; de esas que tienen el poderoso secreto de hacerte para toda la vida, respetuosa amiga y amante de la mar.
III
Escapar, huir de los fogonazos, lejos de esa ola de calor que anuncia el cambio climático, con destino a las frescas lenguas de algún río. Ya ahí, y al pie, sacar la jícara y refrescar el cuerpo, el coco, el alma, los ojos tan llenos de costras y costras de in-civilización.
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Esmeralda Mora Luviano. Nativa de Zihuatanejo. Disfruta leer de todo y escaparse de tanto en tanto a intimidar con la naturaleza. Sueña que vive dentro de un yate cocinando todos los días guachinango fresco que ella misma pesca. Se ha hecho amiga de la vida, así como viene. A veces también canta y escribe.

Historia de un Piropo
Paula Rabadán
Justo el sábado pasado sucedió. Vivir en la costa tiene muchos placeres. Uno mío es no usar zapatos. Me encanta andar descalza, lo más alto que uso para vestir son chanclas. En los últimos meses algo les sucede a mis chanclas, literalmente: chiflan. Al principio pensé que sólo era con algunas de ellas, pero he cambiado y sigue sucediendo. Ya se estaba volviendo costumbre o hábito salir a la calle y parecer que va una con un silbato integrado. ¡En casi, casi 45 años de existir nunca me habían dicho un piropo como este!:
“¡Anda guapa, vienes con chiflido integrado! ¡Esas son ganas!”
Al grito del señor, no sólo yo, sino todas las personas que estaban en la calle voltearon. Y como una fiesta de pueblo, todos con risas y porras aplaudieron en mi honor.

Reflexión: todas y todos podemos decir y recibir piropos agradables, siempre y cuando nuestra actitud sea de respeto y no de burla.

DE AMORES ROMÁNTICOS
Y NO ROMÁNTICOS TAMBIÉN
Hueco (Agosto 8, 2010)
Paula Rabadán
Si los huecos hablaran,
si los huecos estuvieran llenos,
sólo se tendría en la vida… todo resuelto.
¿Vale la pena tener huecos?
Sí, ¡vale la pena!
Definitivamente tener huecos es parte de ir completando la vida,
de tener diferentes colores a tu alrededor
y más aún poder decidir cuándo llenarlos.
Hay huecos que vale la pena sentir …
Hay huecos que la vida no llena …
Hay huecos que jamás se taparán …
Hay huecos que sólo hay que disfrutar ….
Hay huecos que sólo nos toca sufrir …
Pero al final de todo, es de los placeres o dolores de la vida.
¿En cuál lado del hueco estás?
Escritos de Utopías, Capitulo ¿Crisis? , Año 2010.
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Paula Rabadán. Guerrense por nacimiento y Azuentense por regalo de mis padres. Enamorada del bambú y del mar. Todos los días intentando dejar Huella con la Tierra y ayudando a otros a disfrutar de sus habilidades, como la capacidad de asombro de la vida, y las cosas obvias de vivir.

Cómplices
Anónima
Hoy es un día soleado, estoy feliz, con un hombre trabajador, amoroso, romántico que me ama, que me hace feliz también, que daría la vida por mi y me lo demuestra de muchas maneras, es pues, el hombre de mi vida, el hombre que quiero y el hombre que merezco.
Admiradores y pretendientes tengo muchos, pero ninguno vale la pena; ya no estoy dispuesta a estar con alguien que me menosprecie, que me trate mal, que me humille, que me grite por la calle y que no pueda controlar su ira, que me haga sentir inferior para poder él sentirse bien, que no me haga sentirme amada o deseada. Eso ya lo viví y no voy a volver a pasar por algo así.
Hoy estoy feliz, vamos en uno de nuestros tantos viajes, vamos juntos tomados de la mano y no dejamos de sonreír, hacemos algunos comentarios, reímos mirándonos a los ojos, somos cómplices y seguimos como de luna de miel.
De pronto un ruido fuerte me hace regresar a la realidad, mi niño pequeño despertó y comienza a llorar. Malditos cohetes de la peregrinación. Ya sé que volveré a la cama donde el verdadero tú está. Limpio mis lágrimas una vez más y me paro dispuesta a pelear o a dormir, pero no a disfrutar, pero no a amar.

Despertar
Ana Krystel Pérez Flores
Era un noviembre del nuevo siglo, me encontraba fulminada, sin ganas de andar por la vida, el interés por reír y disfrutar se habían ido junto con las esperanzas de formar esa linda y envidiable “familia” ¿Por qué?…
¿Cómo iba a lograrlo? …El no es mío totalmente, tiene hijos, nunca será para mi totalmente, cuando más a gusto estamos, alguno de sus hijos le llama para exigirle que acuda a su llamado… ¡Qué inoportunos!
Rodrigo: “Ya estoy cansado de tus celos enfermizos. Entiéndelo no quiero a nadie más, si estoy aquí es por que quiero no haya nada que me ate a ti más que el gusto de querer estar. Pero tu no lo entiendes, tu no me entiendes. Ya no quiero pelear.”
Sandra: (le respondí como siempre) “¡pues lárgate! nadie te tiene aquí a la fuerza (se largó). No pudo más, lo alejé con los celos, la desconfianza, pleitos sin sentido, destruí algo que pudo ser bueno… y eso duele, duele mucho. Estoy arrepentida.”
Se marchó destruido, le dolía cada paso que daba. Dudó en alejarse por que sabía que era la última vez, aún no le creía, pensé que en la noche regresaría y hablaríamos. Prometería que iba a cambiar. No fue así, él tomó la decisión, yo no la respeté. Seguía pensando solo en mí, nunca me detuve a pensar cómo se sentía él. ¿Por qué? ¿Por qué soy egoísta?… No puedo decir que amo a un hombre cuando no amo su descendencia (¿o sí?).
Desconozco en qué momento de la relación me perdí, olvidé que existía yo, todo giraba alrededor de él. Fui dependiente… él era mi oxígeno; si no sabía de él por más de dos horas llegaban esos pensamientos de infidelidad. Estaba arruinándolo, pero no hacía nada. Va a regresar … Tiene que … ¡No! No tiene que.
Rodrigo: “Busca ayuda, necesitas hablar con alguien de lo que te pasa.”
Así fue. Caí en depresión, fumaba tanto que ya olvidé, no me bañaba. Le marcaba 70 veces al día, estaba pegada al teléfono, en línea, y moría por que no era yo la que provocaba su mensaje.
Sandra: “¡Basta ya! ya no quiero esto. Denme una pastilla para este dolor, me duele el ego, me duele el orgullo, el miedo me cobija, el temor es mi compañero, ya no tengo fuerzas Llévense a mis hijos, no puedo atenderlos.”
Era un día de noviembre tranquilo, 5:00 p.m. Lo decidí: Tengo que hacer algo por mí, porque nadie puede ayudarme si no pongo de mi parte. ¡Vamos mujer! aún estás parada, aún estas aquí, hay algo para ti, corre, pero corre antes de que el miedo se apodere de ti. Tomé un baño. Como pude me puse lo primero que vi, miré a mis hijos y ellos a mí. “Vamos niños voy a terapia.”.. Ellos: “¡Sí mamá!”
Llegué a ese lugar, entré apagada, no quería hablar. Una buena mujer me dijo textual: “Percibo algo en ti ¿Quieres contarnos?”
Sandra: cometí un error, soy impulsiva, no puedo más, quiero algo que me quite esta desesperación, esta ansiedad, este veneno que se adentra en mí.
La mujer respondió: “Desafortunadamente no hay una pastilla para esto que sientes. Hay una solución sí, y ésta es un proceso que debes atravesar para poder trascender y aprender de esta experiencia.”
Sandra: “lo intentaré por algo estoy aquí.” Así que me dispuse asistir lo más que podía a esas reuniones, donde encontraba en otras mujeres y hombres respuestas a mis dudas. Con sus experiencias de vida sentía que sí había una solución para mi problema, que no iba a ser fácil si no lo quería, pero que dependía de mí levantarme e ir, y estando allá tenía que poner empeño para expresar dudas. Lo más importante, llevar a la práctica todo aquello positivo que se aprende en ese bendito lugar. Donde además de tardes de intensas de catarsis, también hay alegrías que compartir, nuevos hábitos que practicar. Gracias por todo Despertar.

DESMESURA DE LAS VOCES Y LOS VIAJES
Iris: Valencia-México
Zulema Gelover
“Pinto mujeres porque a través de ellas puedo contarme y contarnos, expresar emociones, estados y movimientos sociales. Soy una mujer, habitada por miles de ellas y la pintura me da la oportunidad de navegar por todas ellas.”
Iris Serrano
Cuando busqué en la red hace varios años ya una ilustración de “mujer con pájaros o peces” Iris llegó como un huracán a llenar mi imaginación y carpetas personales. No pensé que en algún momento podría compartir con ella ideas y posicionamientos sobre el arte, el feminismo y la maternidad. Es ilustradora, pintora, escultora, paisajista, fotógrafa. Espontánea y sonriente, con chinos y tez morena para de decir lo que siente y piensa del mundo con sus activismo y su ser creativo – revolucionario. Compartimos aquí algunas de las ideas que intercambiamos desde España, su lugar de origen a través de un diálogo en Facebook.
1. ¿Cómo te autodefinirías? es decir ¿quién eres y para qué?
Iris serrano. Valencia 1980 pintora, muralista, activista. Apasionada por los colores, el proceso creador y un mundo donde quepan todos los mundos.
2. ¿Por qué pintas mujeres y qué sientes cuando lo haces?
Pinto mujeres porque a través de ellas puedo contarme y contarnos, expresar emociones, estados y movimientos sociales. Soy una mujer, habitada por miles de ellas y la pintura me da la oportunidad de navegar por todas ellas. El proceso creador para mi es fascinante, apasionado y feliz. Amo mi trabajo y agradezco mucho que la pintura sea mi rutina.
3. ¿Qué relación estableces entre tus ilustraciones y las revoluciones y/o luchas sociales?
Entiendo el arte como una manifestación de lo invisible, de lo intangible y una herramienta magnifica y poderosa de las luchas sociales, el arte como voz de los pueblos, de las causas… En el caso de la pintura ,estas imágenes son capaces de concretar y abanderar los movimientos sociales. De hacer la revolución acompañadas por la belleza con contenido.
4.-¿Qué piensas del feminismo y cómo lo vives en tu vida cotidiana?
La lucha feminista es la lucha por la justicia, por derribar la primera: de las divisiones, la de género, el feminismo es una lucha por más de la mitad de la humanidad levantándose por sus derechos, por construir un mundo donde quepan muchos mundos. Feminismo es una sociedad más libre, más justa y más feliz. El feminismo nos da la oportunidad de reconocer cuanto de nuestros modos, construcciones sociales y personales le pertenecen al sistema patriarcal. En mi cotidiano, me emociona este nuevo tiempo en el que las mujeres nos relacionamos con sororidad, en que los hombres comienzan a revisar sus conductas, en que las jóvenes cambian el paradigma de los géneros.
5.-¿Se puede ser artista, madre y feminista a la vez? ¿cómo?
¿Se puede ser madre, artista y feminista? jajajaja… por supuesto. Hoy justo hace 17 años que fui madre, esta experiencia salvaje que es la maternidad me hizo más artista y sin duda más feminista. Nos quedan muchas batallas por librar en la conciliación laboral, en los roles de las maternidades y de los cuidados… Para mi ser madre, ser artista y ser feminista son piezas clave del puzzle que me componen.
6.- ¿Cuáles fueron los aprendizajes vitales que tuviste en el encuentro zapatista de 2018?
Estar en el primer encuentro zapatista fue un regalo inmenso y un punto de inflexión en mi vida. Difícil resumir la experiencia, pero si vienen palabras muy claras… dignidad, de las compas zapatistas, sororidad de todas las mujeres que lo compartimos, rabia por las injusticias, las muertes, los abusos que en todas partes sufrimos por ser mujeres, esperanza, por que somos mujeres que luchan y que estamos construyendo un mundo mejor. Celebración por la vida, por reconocerme en cada una de las mujeres del encuentro, en sus risas, en sus artes, en sus llantos.
7. ¿Cómo evitamos las violencias a través del arte?
El arte nos hace mas libres, más conscientes y más felices. Y esas condiciones sin duda ayudan a generar sociedades más justas, más armónicas y más amorosas.


BÚSQUEDAS
El patio de mi casa
Etérea Cura
Primera Escena
Ella tomando una cerveza en el bar “El patio de mi casa” acompañada de un tipo de tristeza larga; alrededor mesas con mujeres sin dientes, hombres con tatuajes y miradas vacías; al fondo una pantalla con una película pornográfica y un tal Enrique cantando algo así como: “me calaste hondo”.
El hombre de la tristeza larga fue por otra cerveza, a su paso se encontró a “Miramás”, quien le ofreció una línea de luz; a punto estaba de alcanzarla cuando el “Rubio Chulo” se le fue encima. El primer golpe desmaquilló la alegría de su cara, el segundo le puso los labios con botox; la trifulca se había armado. El hombre de tristeza larga corrió hacia Jimena, quien como ave etérea sintió cinco dedos flacos de tristeza que se aferraron a una muñeca hueca, a unas venas llenas de colores e imágenes; corrieron hacia la puerta y atrás el humo fue desvaneciéndose entre la nostalgia de la separación.
Segunda escena
Espacio de tres por cuatro metros, pequeño como su mundo, atascado como sus mentes, estaban ocho personas; todas con la sonrisa clara y fosas nasales anchas decidieron que era la hora de reír. Así que sacaron marihuana para ver quién se reía más de la vida, ya que la vida había perdido toda oportunidad de reírse de ellos.
Tercera escena
Recortes de noches, vacíos entrelazados a perpetuidad, ojos fijos en la nada; madrugadas bajo cualquier techo para cubrirse del agua, caminatas entre la gente buena de los domingos, torrentes de palabras del hombre de la tristeza larga, litros y litros de cervezas, cigarrillos, mariscos, lágrimas de arco iris, risas saladas.
Cuarta escena
Una muerte doble, dos cuerpos repletos de nada; él ahora con la tristeza pequeña y la ausencia larga; ella con los brazos llenos de humo y el corazón incompleto, perseguida por millones de ideas, pensamientos y palabras que buscan alcanzarla.
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Soy una totalidad conformada por miradas, imágenes, ritmos, historias de todas las mujeres, hombres y de todo ser sintiente, soy ancestralmente joven. Amo ver la complejidad y hermosura del ser humano. Amo el silencio y ruido de las letras. Soy eco de montañas y ríos. Soy Sulma Jaqueline García Salamanca.

Conversatorio del dolor1
Sofía Alvarado Cortés
Para Jenny, porque la vida, entre tantas balas,
es también un acto revolucionario.
No soy una intelectual, escribo con el cuerpo.
Clarice Lispector
Yo no soy de este mundo, dijo ella,
no soy,
¿de cuál mundo?
cuál mundo ha de cobijarnos
en qué tierra,
qué mano escribirá por nosotras,
las menos, las que sueñan las vivas.
Yo no, no soy de este mundo,
el corazón retumba discontinuo,
¿cómo será llevar el Vesubio dentro?
Las vértebras tienen autonomía,
quieren salirse del campo de batalla.
Doble, triple, múltiple mujer
camino por las mismas calles
siendo todas,
¿qué dolor no me atravesará dos veces el cráneo,
cuál hija no se me habrá de morir cada día?
¿Desde dónde las voces de todas no han de esquilarme los brazos,
desollarme la cara y el cuerpo,
irse la mirada en la cuerda que cuelga de un baño de un motel sucio
o en una, varias bolsas de plástico?,
¿desde dónde no se me hundirá la cabeza
como un hueco manifiesto de la hondura de todas las mujeres que no hablan,
a las que se les ha roto la voz concienzudamente,
con ocho balas, para ser precisa?
No, no soy de este mundo.
Se me acabarán las lágrimas,
Mariana, pero no el coraje,
gritaba su madre, frente al micrófono.
Mariana era todas las hijas que no hemos tenido.
Sigo buscando, a pesar de que ya no está,
y recordaba a Diana, mi primera amiga,
¿será que el tiempo es un chiste negro
y era ella, la misma Diana que nadie veía,
la que ahora buscan como mi abuela sentía su pierna, más allá del muñón?
Nos da miedo hablar.
¿Quién nos busca?
No queremos ser una más,
Mariana no ha vuelto.
No estás sola,
Cristina está aquí,
¡Fuerza, fuerza, compañera!
Allá en el templete,
las voces del dolor,
de lo vivo que ha pasado por todas las tonalidades del desamparo,
de lo sórdido y lo impune.
Acá este mundo,
el mismo que mutila cuerpos,
tira órganos al drenaje
y nos saca los ojos.
Nosotras no, no somos de este mundo.
1 Con este nombre escribí durante cuatro días, a manera de instantáneas tomadas con tinta roja, las denuncias de mujeres reunidas en el segundo Encuentro internacional de mujeres que luchan, organizado por las zapatistas en Diciembre del 2019. Este texto es escrito como homenaje a las voces de todas ellas, de todas nosotras.

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Sofía Alvarado Cortés. Escritora, cinéfila incurable y dañadora de psiques desde tiempos inmemorables. Estudió una carrera sobre español y literatura. No le gusta presenciar los mundos sin alas. Puede vivir en casi cualquier parte del planeta pero ama la vida en el mar y la poesía.

Ser mujer (MPEG-4 AAC audio 6:36 min)
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Eliza (MPEG-4 AAC audio 1:44min)
CONVOCATORIA

