Saladita
Ramona Pez
Puede cambiar la vida (…)
caer no sé hasta dónde,
como cae el poema,
o el amor en la noche,
hasta no sé qué fondo duro y ciego y terrible,
tocando el agua madre, el manantial del miedo.
Ida Vitale

Eran las siete veintitrés de la mañana, ella leía un texto sobre ficción y sincretismo indígena: “…trata de imaginarte a ti misma como un gigantesco almacén de recuerdos -sugirió-. En este almacén, otros y no tú han depositado sentimientos, ideas, diálogos mentales y patrones de comportamiento. Puesto que es tu almacén, puedes entrar, hurgar por ahí a la hora que quieras y usar lo que encuentres. El problema es que no tienes ningún control sobre el inventario, puesto que fue establecido antes de que te posesionaras del almacén. Por eso te ves drásticamente limitada en tu selección de objetos…”
Aventaron una piedra hacia la ventana. Sintió un vuelco en el pecho y corrió las persianas, miró entre el viento y los muros unos ojos negros, resplandecientes, en desconcierto. Le recordaron a esos caninos de la noche, esos cuyos territorios invades y acechan a veces mostrando los dientes, otras con un brillo orbital extraordinario, las más, se abalanzan y tiran mordidas por que defienden sus territorios, y a su vez, temen, porque saben que hay otra especie superior…
La carretera estaba increíblemente solitaria. En “temporada alta” la Costa Grande recibe a miles de turistas del bajío, del centro del país y el remanente de canadienses, australianos y gringos que vienen a las playas. Pasamos por la desviación hacía Troncones. Discutíamos sobre la impertinencia del reggaetón en un escenario así, tan bello y morado, sí morado. Había una nota en el diario sobre un cuerpo femenino encontrado en esta misma carretera. Una mariposa se estampó en el parabrisas.
Suspiró, tomó fuerza de los recuerdos, argumentos de la indignación y la belleza ecuánime de la rabia. Abrió la puerta.
-¿Por qué me dejaste? (silencio ensordecedor…. cantos de grillo).
-Marina… (latidos, latidos, latidos).
-Pero… pero… iba a decirte, no hubo tiempo, no me diste tiempo, tenía miedo. Sí iba a decirte. Me vine caminando toda la noche.
-Ya están tus cosas en esa mochila, vete.
-Por favor, déjame hacer las cosas bien esta vez, dame la oportunidad.
-Iré por ella (pasos gigantescos, gritos descalzos).
-Tan, no me saques de tu vida así.
-Ayer nos despedimos Ricardo y fue… hasta agradable… (dolor en el pecho).
-Yo no me estaba despidiendo.
-Lo hacías en cada mensaje que le mandabas.
Las bugambilias de Buena vista y la salida al libramiento a Lagunillas, me recordaron las jornadas artísticas que teníamos pendientes. Coincidimos en un lugar poco probable para que las miradas se encontraran pero lo hicieron, como hicimos muchas tardes y noches el amor ¿de cuánto tiempo hablamos cuando hablamos de querer? ¿qué me asusta? ¿qué me repele?
Caminaron hacia la laguna y ella deseó ser cíclope, sentía un leve alejamiento. Los vínculos eran distintos, menos amorosos, más operativos. El lenguaje en la cama había cambiado también. Hicieron un viaje de finde juntos que los acercó a mil cosas. Quizás esa fue la razón, reconocer que pertenecían a lugares, sentidos y expectativas de vida, que no coincidían. Él fue a surfear y dejó sus cosas con ella. Tomó su celular y vio una pila de mensajes “raros”. Después de la náusea recogió sus cosas y lo dejó ahí, arrancó el coche. Llamó a su mejor amiga, estaba temblando, manejó sin percibir la distancia y el tiempo. Pasó por los mismos lugares pero lo único que vio esta vez fue una larga línea amarilla que se abría entre las montañas y el atardecer. Llegó a casa, se bañó y se puso su vestido favorito, no quería pensar, estaba en shock. No hubo llanto ni rabia sólo una extraña sensación en la lengua, como a mar.
. Sandra y ella fueron con un par de amigos a una terraza, hablaron de todo, bebieron mezcal, ninguno de ellos podía creer que lo “suyo” había terminado.
-Se veían tan bien.
-Eran casi para el otro… así como que se completaban ¿no? .
-No sé, yo me sentía completa antes de que llegara, no lo necesito, pero le amo y a pesar de ese amor no le permito mentiras. Nos las devoramos en las pelis, los libros, el imaginario de nuestros familias y culturas desde que éramos pequeños.
-¿Qué hay que hacer? ¿Lo madreamos?
–No, dejaré que las cosas se acomoden, lo padrearemos (risas) ese amor que le daba lo conservaré, me lo daré yo (más risas).
Regresé a casa con ganas de dormir. Me sorprendió que cada vez fuera más fácil lidiar con estas cosas y casi que esperarlas. Al despertar noté que eran apenas las seis cuarenta. Encendí la radio. ¿Soñé? tomé un texto y empecé a leer de nuevo. Las siguientes líneas me parecieron cómicas, luego con un poco de sentido…
“Encontraron el cuerpo de una joven de 22 años con rastros de tortura y violación, no la han identificado aún, como seña particular tiene un tatuaje de pez coi en la espalda” si alguien la conoce favor de comunicarse con las autoridades de La Unión.”
FINAL 1
(Tono de teléfono)
-¿Ya te llamó?
-¿Qué? No, ¿Quién?
-Ricardo boba, quien más ¿Te llamó?
– No ¿Qué te pasa? ¿Qué hora es?
– Son casi las 7 Tania. Me llamó Carlos, me pidió tu número pero no quise dárselo. Me dijo que le urgía. Le dije que yo te localizaría ¿por qué no contestas el celular?…
-No sé, se descargó, olvidé conectarlo. Ricardo sí vino pero le pedí que se fuera, le di sus cosas, hizo drama, me pidió perdón y le dije que ya no era necesario, que ya nos habíamos despedido y después de dos horas de charla absurda se fué.
– Tania… encontraron un cuerpo en el camino a Saladita, por la desviación a Barrio Viejo en la madrugada ¿qué vas a hacer?
– (silencio largo) nada, que Marina vaya a verlo. Yo me despedí ayer.
FINAL 2
Miró hacia el horizonte, dejó todo, sus cosas, el auto, el amor. Solo se llevó el morral con su cartera, el teléfono que ya casi no tenía batería. Las lágrimas le corrían por las mejillas. Atravesó el camino que unía a la playa con el pueblo, luego el pueblo mismo y finalmente llegóo a la carretera. Había un letrero: Saladita. Caminó en sentido opuesto al que habían llegado, para entonces ya se le habían acabado las lágrimas.
Escuchó como un auto frenó abruptamente y se echó de reversa, no lo vió pasar como no vió a ningún otro auto, iba mirando el efecto del sol en el cielo, aturdida. El morado de las montañas.
– A dónde vas tan solita? Te van a robar…
– Déjame en paz.
– Yo puedo darte paz, súbete, te llevo, vas a Zihua?
– No gracias, prefiero caminar, si no te vas grito.
– Te haré gritar perra… (Latidos, latidos, latidos)
El hombre paró el coche en seco y fue por ella. Corrió pero algo muy caliente le ardía en la pierna, ni siquiera escuchó el disparo. Vio como su pareo se teñía de rojo y miró hacia atrás. Él ya estaba a sólo un paso: gritó, gritó, gritó sin ser escuchada. No había coches, ni casas, ni gente, sólo el grito de los grillos y las cigarras. Los suyos se hundieron entre la maleza.
FINAL 3
La radio y el periódico replicaban la nota. Ayer y hoy parecen ser el mismo día, pero no lo son…
Carlos me llamó 11 veces… qué raro. Seguramente abogara por su hermano y sus tarugadas. No le regresaré la llamada. Ya no…
Se baña y se viste para ir a la playa, a correr o a nadar. Sale fresca y desnuda, se mira al espejo, se sabe hermosa, sus pezones se tensan por la temperatura. Se mira el cuello marcado por dos tonos de piel, el del traje de baño y el del sol de hace dos días. Cierra los ojos y suspira… Todo va a estar bien se dice a sí misma… en silencio… Retoma el libro y se arropa a la cama, lo piensa mejor y decide no salir, esta vez no se levantará hasta que termine de leerlo. En la calle, un hombre se busca entre la gente, su energía esta en otro lugar, quizás en unos años la encuentre, se encuentren… o no.
Foto. Arcelia Roa, 2013.

La foto
Llorona
Está refrescando, también amaneciendo, siento tu calor, tu peso.
El sol me deslumbra, me avisa, me abrazas, te beso, ya no hay tiempo.
Despertar no quiero.
El: Arriba flojita ¿descansaste bien?
Ella: Con tu pierna encima… es mucho peso.
El: ¿Con quién es el desayuno?
Ella: ¡Por Dios, no me acordé!
El: Si te apresuras, te llevo.
Ella: Enciende la radio amor, Rey Charles, es el momento. En 20 estoy lista…
El: No te creo. El dilema del vestido, los zapatos, accesorios, los guantes, la bolsa y el sombrero, el perfume, no se diga, instinto personal.
Ella: Me levanto.
Ahora todo es combinable, con mi cabello blanco y mi andar despacio.
El zapato suave y el aroma terso.
Estás sobre mis piernas, ya no es el mismo peso.
Sigues conmigo, yo contigo ,escuchando la música de nuestro tiempo.
Te pido que me escuches, mi decisión no te va a gustar.
Está casa es nuestra esencia.
Aquí los gustos y disgustos.
Tanto que hacer, que ya no podemos hacer…
Las maletas están listas, los libros empacados.
Tú como siempre a mi lado.
Rezo por los dos todos los días
Hoy es otro Comienzo, te tomo entre mis brazos…
Vas conmigo a cada momento
Sé que juntos estaremos en otro espacio y otro tiempo.
Sobre el buró te pondré, recordare…
Me hace falta tu calor, tu peso.
